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LeBron James tiene razón

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“No soy la persona que lanzó a otra por la ventana. Nunca escupí a un niño. Nunca dejé una cuenta sin pagar en Las Vegas. Nunca dije ‘no soy un ejemplo’. Nunca llegué tarde a un fin de semana All-Star por estar de fiesta”, dijo LeBron James en respuesta a las críticas que Charles Barkleyhabía hecho al alero estrella de los Cleveland Cavaliers, al decir que era un “llorón” por pedir un base armador más para su equipo a la directiva.

Ni siquiera el triunfo abultado ante los Minnesota Timberwolves, conKyrie Irving en plano asistidor estrella, puede bajar al cien por cien la reciente ira de James. Porque, a decir verdad, su postura tiene lógica por donde se lo mire.

Tyronn Lue debería estar preocupado y la directiva estar ocupada con lo que está pasando. La lesión en el pulgar de J.R. Smith, baluarte en el año de campeonato, lo mantendrá al margen por mucho tiempo más en la temporada y Kevin Love, quien supo ser parte del nuevo Big Three de Cleveland, pasa más tiempo en la enfermería que en el rectángulo de juego.

James ya no es un jovencito, y con 32 años en sus espaldas, tiene un promedio de casi 38 minutos por aparición, en una Liga que exige noche a noche y que pese a la confortabilidad de los viajes y los hoteles cinco estrellas acarrea su desgaste lógico. Se sabe que James es el señor camaleón por excelencia, capaz de disfrazarse de cualquier posición y hacerlo con maestría, pero lo que está pasando por momentos en los Cavaliers debería llamar a la reflexión: LeBron ataca como armador, defiende como centro, se mueve como escolta y descansa como alero.

¿Hasta cuándo puede mantenerse este circo? Hasta que la directiva o el cuerpo de James digan basta.

El grito en el cielo de LeBron es un acto de desesperación. Como dice Brian Windhorst, analista de ESPN.com, “uno de los puntos más bajos de la carrera de James fue en 2014, cuando Miami Heat cayó derrotado 4-1 en las Finales ante San Antonio Spurs. Hay un sinfin de razones por lo que esto ocurrió. Los Spurs jugaron con maestría, pero el Heat estaba cansado, con lesiones (Dwyane Wade se perdió 28 partidos esa temporada) y estaban livianos por el corte de Mike Miller por razones financieras”

Está claro que James no quiere que esta situación se repita, y aunque quizás no haya sido la forma ideal -el eco de lo que diga LeBron retumba más que el de cualquier mortal que pique una pelota de básquetbol- las cartas están encima de la mesa: los Cavaliers no pueden ni atarle los cordones hoy a los Golden State Warriors, su archirrival en las últimas definiciones de campeonato. Tiene que ver con el mañana, pero también con el presente inmediato: en 2017, Cleveland lleva un récord de 8-8. Muy flojo para un equipo con aspiraciones a todo.

Los rumores empiezan a circular alrededor del genio de Akron. ¿CanjeCarmelo Anthony-Kevin Love entre Knicks y Cavaliers? ¿Qué perimetral llega? ¿Mario Chalmers, Lance Stephenson, Jordan Farmar, Kirk Hinrich?

 Es absolutamente cierto que estas reacciones de LeBron, como la respuesta innecesaria a Barkley, nos generan la sensación de Deja vú respecto a aquel chico inmaduro de mediados de los 2000. Pero también tiene que impulsarnos a pensar en la competitividad que acarrea este jugador en sus entrañas y en la necesidad de mano de obra inminente para poder luchar contra los más poderosos.

Quizás la reacción de Irving del miércoles por la noche puede significar algo en el despegue de Cleveland. O quizás sea sólo un espejismo en el desierto.

A decir verdad, estamos hablando de LeBron James, el genio que llenó de gloria a su territorio hace algo más de siete meses.

No estaría nada mal escuchar, analizar y evitar que la forma, lejos de ser la ideal, esté por encima del contenido.

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