Palabras de Vida

Trozo de la parábola del hijo pródigo
 

“VOLVIENDO EN SÍ.”(Lucas 15:17)
 
A veces tienes que tocar fondo para entender quién es Dios y lo que puede hacer por ti. Cuando el hijo menor acabó en una pocilga, “volvió en sí” y la siguiente decisión que tomó fue crucial: “.Iré a mi padre, y le diré: padre, he pecado.” (Lucas 15:18). Cuando lo hizo, su padre le volvió a otorgar el lugar que le correspondía. Pero el hermano mayor también necesitaba el perdón del padre. ¿Cuál era su pecado? La envidia y la crítica. “.Cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”. Él ascendía posiciones a base de pisar al otro hermano. Trató de ganarse el amor del padre haciendo méritos. El problema era que ya tenía el amor del padre -aunque él no lo supiera- y por eso seguía intentando “demostrar” quién era.
¿Estás haciendo lo mismo? Como hijo redimido de Dios, ya has sido aceptado, justificado y vestido con la justicia de Cristo. Hoy tu Padre celestial te dice:”…Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas” (Lucas 15:31). Ambos hijos pecaron de forma diferente, pero la solución para ambos era la misma: ser restaurados para estar en compañía del Padre. Santiago escribe: “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, del Padre, que no cambia.” (Santiago 1:17 NVI). Date cuenta de que Dios no sólo sabe lo que es “bueno” para ti, sino lo que es “perfecto”. Y Él te lo dará cuando estés en el lugar espiritual correcto y comiences a permanecer en Él como conviene.