Teoría, facciones y algo mas

Teoría, facciones y algo mas
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Por Max Montilla
La organización que reposa sobre el principio del mínimo esfuerzo, es el mayor ahorro posible de energía, es el arma que disponen los débiles para luchar contra los fuertes, que solo puede desarrollarse en el terreno de la solidaridad. El principio de organización tiene que ser considerado como la conclusión, sine qua non, para conducir la lucha social de la masa.
La base de la organización, es la igualdad de todos los que en ella se organizan. Todos los miembros tienen los mismos derechos ante ella. Todos pueden ser elegidos y todos pueden elegir. Todos los cargos se cubren mediante elección y todos los funcionarios están sometidos al control del conjunto y son reemplazables y revocables. El principio democrático del partido, garantiza para el mayor número posible la influencia y la participación en la administración de la causa común.
Con el crecimiento de la organización, crece también la tarea de la administración y se ramifica el rasgo burocrático, oligárquico de la organización del partido surge sin duda de una necesidad técnico-práctico. Es el producto inevitable del principio de organización. Así pues, motivos técnicos organizativos y tácticos hacen que surja un grupo de dirigentes profesionales, que dotado de pleno poderes llenan la gestión de los asuntos independientemente de las masas. Las viejas instancias deberían dejar siempre libre a las nuevas fuerzas, a los nuevos conquistadores del poder en el partido. Debería existir el principio de que los dirigentes y los funcionarios no debían permanecer por mucho tiempo en los puestos claves, para evitar que ellos crean, que son los únicos posibles elegidos por el pueblo.
“La organización es la madre del dominio de los electos sobre los electores” (Democracia Formal y Realidad Oligárquica, Michels Robert, pag. 243). Partiendo de esta frase podemos decir que, toda organización de partido implica una poderosa oligarquía que reposa sobre pies democráticos. En todas hay electores y elegidos, pero también en todas existe un poder casi ilimitado de los dirigentes electos, sobre las masas electoras, donde la estructura oligárquica del edificio recubre su base democrática.
Por otra parte, expresamos que la política de disimulación, es el resultado inevitable de una organización de factura burocrática del mayor número posible de nuevos miembros, que tienen que saber que toda lucha de ideas en las propias filas dificulta inoportunamente su tarea principal y que el partido nacido para superar el poder centralizado del estado, desarrolla en sí mismo una poderosa centralización.
Se transforma en partido de gobierno, es decir, un partido organizado como un gobierno pequeño, espera conquistar algún día el gobierno grande. Pero los dirigentes de este cuerpo revolucionario, en el seno del estado, organizado con los mismos medios que esté, criado con la misma disciplina, no pueden sustraerse a la idea, de que por muchas que sean las hazañas en el campo organizativo, su organización enfrenta a la del Estado, no es más que una débil reproducción en miniatura. Por tanto, todo intento de llevar a cabo una prueba de fuerza en un futuro inmediato acabaría con una derrota aniquiladora. El partido desde el momento que ha crecido, trata de evitar todo cuanto pueda, para no excitar demasiado a ese Estado, que le amenaza constantemente y del cual depende su existencia.