Teoría, facciones y algo más (3 de 3)

Teoría, facciones y algo más
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Por Max Montilla
montillamax@gmail.com

El partido que en su inicio no dejaba de declararse en revolución, ya sea por su naturaleza, por la elección de su medio y no por una preferencia de principios, desde el momento que llega a ser maduro políticamente, no tarda en modificar sus declaraciones iniciales, para decir ahora que es un partido revolucionario. Es decir que pierde su ímpetu revolucionario, se hace cada vez más lento, pesado y perezoso, no solo en el actuar, sino también en el pensar.

De aquí que podemos plantearnos varias preguntas decisivas como: ¿La enfermedad oligárquica de los partidos es incurable? ¿Es posible que un partido revolucionario siga una política revolucionaria o qué un partido democrático siga una política democrática?

Si los dirigentes se mantienen íntegramente unidos frente a la masa, la experiencia nos permite decir que hasta hoy, los vencedores de estas pruebas de fuerza han sido los grupos oligárquicos, porque en los grandes enfrentamientos políticos, como en la fuerte lucha económica, que las masas han enfrentado contra la voluntad de sus dirigentes, estos han recuperado inmediatamente el control y en caso necesario han decretado el enfrentamiento con el enemigo, pasando por encima de las masas, echando a un lado todos los principios fundamentales de la democracia y desatendiendo todos los lazos jurídicos, lógicos y económicos que unen a los dirigentes.

En el texto Tipos y Estructuras de Partidos de Max Weber, los partidos pueden emplear toda clase de medios para el logro del poder, donde el Gobierno depende de una elección formalmente libre, las leyes se hacen por votación, son fundamentalmente organizaciones para el reclutamiento de votos electorales, puesto que se trata de votaciones para elegir quén va a dirigir el destino del país.

Aquí el partido está representado:
a) Por los dirigentes de un estado mayor.
b) Por los miembros activos como instancia de control.
Y c) Por las masas no activamente asociadas de electores y votantes, que son objetos de solicitación en época de elección o de votación.

Otros tipos de partidos distintos de los organizados como asociación son:
a) Partidos Carismáticos.
b) Partidos Tradicionalistas.
c) Partidos Doctrinales
y d) Partidos de Mera Apropiación.

Según Max Weber, la existencia de los partidos no está reconocida por ninguna constitución, ni tampoco por ninguna ley, a pesar de que toda voluntad política de los ciudadanos denominados por la burocracia, tiene precisamente en los partidos según su más importante sujeto.

Los partidos, por muchos recursos que puedan utilizar para mantener a su clientela unida de un modo duradero, son por su propia esencia organizaciones constituida voluntariamente y que tienen por objeto un reclutamiento libre y con renovación necesariamente constante. Su finalidad es la de conseguir votos en las elecciones para cubrir cargos políticos o en las votaciones de los colegios electorales.

En el Estado Moderno los partidos políticos pueden estar estructurados en base a dos principios internos: pueden ser organizados en base a patronatos de cargos, como ocurre en Norteamérica desde que desapareció la gran oposición en la interpretación constitucional, donde su único objetivo es llevar a su jefe a ser dirigente, para que luego pongan los cargos estatales a disposición de sus seguidores y del aparato funcional y de reclutamiento del partido.

Como los dirigentes y los funcionarios carecen de una formación solida-especializada, que ejercerán su cargo como una profesión de por vida, los partidos Norteamericanos ven desaparecer buenas partes de sus prebendas y surge inevitablemente una burocracia de tipo europeo.