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Cuando un amigo se va:  en memoria de mi amigo Ernesto “Zabala” Amador Tejada

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Cuando un amigo se va:

 en memoria de mi amigo Ernesto “Zabala” Amador Tejada

Por Max Montilla

Montillamax@gmail.com

 

La humanidad designa muchas veces un calificativo de “prohombre” a algunos humanos para resaltar sus virtudes sobre otros. Me atrevo a calificar a mi amigo Ernesto Zabala con ese epíteto calificativo.

Desde que supe de tu muerte, no ha dejado de sonar entre mis sienes la canción que inmortalizara el compositor, cantante y poeta Alberto Cortés, “cuando un amigo se va”, ni la frase del poeta, escritor y narrador dominicano Manuel del Cabral; “hay muertos que van subiendo mientras más su ataúd baja”.

Fuiste un hombre incansable, sería otro adjetivo calificativo de este ser humano. Bondadoso y amigo de los amigos, en todo lo que te disponía a hacer lo cumplías aun con los impedimentos propios de tu enfermedad. Muchas veces te vi salir de diálisis los martes para cumplir con una reunión del Foro Renovador del cual fuiste una pieza importante cada martes, con tus intervenciones del acontecer nacional e internacional.

Lo recordaré siempre con la gallardía de hombre, cuando hicimos el Congreso “José Francisco Peña Gómez”, era el año 2000 para ser más exactos los días 09 y 10 de octubre, cuando tuvimos que amanecer en la casa de Caonabo Muñoz formulando y adecuando lo que sería la propuesta final de las resoluciones del congreso.

De ahí, fuimos a nuestros respectivos hogares a tomar una ducha y a seguir en la faena del congreso. Otro recuerdo que tengo de mi amigo Zabala es cuando hicimos el curso-taller: “Aportes histórico del PRD. El Gobierno de Hipólito Mejía”, ese curso trataba de desmentir cada una de las mentiras que se había tejido acerca del PRD e informar a las nuevas generaciones los aportes que hizo el PRD en todos los gobiernos y desde su fundación. Recorrimos casi todo el territorio nacional, con mucho énfasis en La Romana, a donde fuimos tres veces.

Cada vez que nos veíamos o hablábamos por teléfono, siempre me decía “Doble M”, por mi nombre y apellido, Max Montilla y yo le decía “caballo”, porque siempre andaba corriendo por la vida.

Padre ejemplar con sus hijas Erla e Isis, esposo como ningún otro con su compañera por mas de 25 años, Mercedes Campusano.

No olvido aquellos debates que sosteníamos en su vehículo cuando me llevaba a mi casa, sobre Dios, el materialismo y el humanismo. Nunca llegábamos a una conclusión, pero nos entendíamos y nos respetábamos. Aun mis cuatro hijas cuando supieron la noticia de tu deceso, no lo creían, siempre te vieron como el “tío Zabala” o como el que siempre llevaba los biscochos cuando podías de PriceSmart.

Hacía tiempo que no hablaba con él, pero me mantenía al tanto de su situación de salud con su primo Freddy Veras y un amigo en común, Yovanny Rodríguez, o cuando hablaba con alguna de sus hijas o su esposa siempre mi primera pregunta era: ¿Cómo está “el caballo”? 

Hoy amigo Ernesto Zabala ya no estarás más entre nosotros, pero tus consejos siempre me quedarán. Descansa en paz y que la tierra sea más blanda contigo que lo que fue esta vida con tu problema de salud.

Hasta luego, Zabala, te fuiste antes a reunirte y a esperarnos junto al Creador. 

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