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Detrás de las estadísticas oficiales

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Para quienes ejercemos la difícil profesión de ser político (opositores y gobierno) las estadísticas son materia prima para nosotros, para desvaluar o aumentar las criticas contra uno y otro.

Pero ¿qué tan confiables son nuestras estadísticas? Tenemos una Oficina Nacional de Estadística, pero con una autonomía limitada, y con escasez de recursos tanto humanos calificado como económicos y tecnológicos, lo cual impide producir estadísticas bajo criterios comunes y de manera integrada. A pesar de esto, en muchos casos, los incentivos para fortalecer la capacidad estadística no están alineados dentro de los gobiernos.

Cada ministerio maneja una estadística diferente de otro. Por ejemplo, hay diferentes estadísticas entre el Instituto Nacional de Ciencias Forenses, (INACIF), Ministerio de Mujer y la Procuraduría General de la República (PGR) sobre los feminicidios. Y es que, las estadísticas son vitales para la persecución de una buena política pública, aunque también sirven para hilvanar mentiras como si fuesen un rosario.

Sin embargo, en América Latina es tan diverso como prometedor. Países como México y Brasil son reconocidos por su manejo estadístico en cuanto a profesionalismo y autonomía.

Para los gobiernos son fundamentales para presentar ante la sociedad qué han estado haciendo en el cuatrienio por el cual fueron electos. Para la oposición es una herramienta de campaña contra el gobierno, para desmentir lo que ha hecho hasta ese momento el partido oficialista. Pero no solo es para los políticos, también sirven para las empresas tanto nacionales como internacionales, para la sociedad civil y para las instituciones y ONG que forman parte del país.

Sirven también para que otros países puedan invertir tanto sus recursos financieros como sus recursos humanos, pero donde más juegan un papel preponderante las estadísticas es en el juego de la oferta y la demanda, porque se necesitan datos, datos reales, no especulativos. Si bien es esencial que exista un marco legal que promueva la producción de datos estadísticos de calidad y su difusión oportuna por parte de las oficinas de estadística, el rigor en el cumplimiento de la normativa dependerá, en gran medida, del rol de los usuarios de datos. Por ello, es vital que exista una masa crítica de usuarios, dentro y fuera del gobierno, que estén dispuestos a elevar su voz si el flujo de información se interrumpe o baja de calidad.

Un ejemplo: ocurrió en Colombia, en donde se suscitó una polémica por la posible exclusión del Censo de Población y Vivienda 2018 de ciertas preguntas acerca de información básica sobre personas con discapacidad funcional. Los grupos de la sociedad civil se organizaron y ejercieron presión sobre las autoridades, y finalmente las preguntas fueron incluidas en el censo.

Hoy en día, la difusión diáfana de datos es vital para un país, y mas como el nuestro. Si queremos seguir fortaleciendo a nuestros países, es fundamental poner en marcha acciones en favor del desarrollo estadístico y la inversión que esto conlleva.

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