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El Yetzer Hará

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

La inclinación del mal en el hombre, o lo que a menudo se llama la inclinación natural del hombre, ha sido objeto de debates desde tiempos inmemoriales. La opinión judía tradicional sobre este complejo tema está bien definida en la literatura rabínica.

El principio subyacente en el pensamiento judío establece que cada hombre nace con una inclinación tanto buena como mala. Esto, en sí mismo, no se considera malo ni anormal. El problema, sin embargo, surge cuando uno hace una elección deliberada de “cruzar la línea “, y busca satisfacer su “inclinación al mal“, basado en los modelos prototípicos del bien y del mal en la Biblia hebrea.

A esto se le llama El Yetzer Hará, pero no es un concepto demoniaco, sino mas bien el frecuente uso del mal. Por ejemplo, la glotonería a la hora de comer, puede ser visto como Yetzer Hará, el abuso en las relaciones sexuales puede ser vista como Yetzer Hará.

Todos sabemos que el hombre nace pecador, por el pecado original en Génesis, que va más allá de tomar una fruta del árbol prohibido. Son cosas más profundas que para los cristianos de occidente, el solo mencionarla podría ser categorizado de hereje.

Pero, para que nos entendamos, lo dejaremos en que el hombre es pecador desde el Génesis 3:15:“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tú y su simiente; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Reina-Valera 1960 (RVR1960).

Este pecado es que de manera profesa el hombre se inclina por el mal, por hacer lo contrario a lo que Dios ha establecido en sus principios descrito en La Biblia.

Es por eso que Moshé Chaim Luzzatto escribió en Derech Hashem (“El Camino de Dios”): “El hombre es la criatura creada con el propósito de acercarse a Dios, se coloca entre la perfección y la deficiencia, con el poder de obtener la perfección. Esta perfección, sin embargo, por su propio libre albedrío, las inclinaciones del hombre son, por tanto, equilibradas entre el bien (Yetzer HaTov) y el mal (Yetzer HaRá), y no se ve obligado a ninguno de ellos, a elegir a ambos lados a sabiendas y voluntariamente…”

Quiero terminar esta “palabra de Vida”, exhortándote a lo siguiente: “como cristiano profeso, debes siempre leer las enseñanzas de Dios para tu vida, no apartarte de ellas, pues si lo haces estarás contribuyendo a que el Yetzer Hará, tenga cabida en tu vida.

Dios te bendiga y guarde tus caminos.

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