SHARE

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Dentro de poco llegarán nuestras elecciones (sí, ya sé que falta más de un año para eso, pero como los candidatos de República Dominicana no descansan y el período electoral dura los 4 años, “ya están aquí”).

Desde hace algunos años, las habilidades se han visto como un aporte al “capital humano”. Este “capital humano”, es un detonante para alcanzar mejores beneficios  para el desarrollo económico. En los países en vía de desarrollo, los votantes entienden que el gasto público es visto en función de altos salarios y programa de bienestar social por encima de la educación.  Los políticos escuchan menos a los economistas y más a las personas que los mantienen en su cargo.

Según el Latino Barómetro del 2017, la opción escogida por el mayor porcentaje de encuestados (48%) fue inclusión social y pobreza, en otras palabras, distribución de la riqueza. El capital humano, por su parte, alcanzó el noveno puesto, cerca de la parte inferior de prioridades (27%), justo delante de integración con otros países (25%) e innovación (23%).

Sin embrago, a nivel regional se gasta el 3% más de su PIB en educación que hace 25 años. Esto es la media a nivel regional, nuestro país, Republica Dominicana, gasta el 2.6%, esto significa que,  el gasto se dedica más a las necesidades a corto plazo que a las inversiones públicas a largo plazo; más al consumo básico que a las inversiones en habilidades que generan un mayor crecimiento económico y mejores estándares de vida para el futuro. Esas tendencias pueden explicarse en parte al aumento en los años pre-electorales, basado en el proverbio: “mejor te entrego el pescado que enseñarte a pescar”, como se hace en gran parte de América Latina.

Según explica Leonardo Bursztyn de UCLA, en un reciente artículo sobre el gasto educativo en Brasil, los pobres tienen necesidades más directas para satisfacer que educarse. Es por eso que en materia de política gubernamental se pueden juntar y priorizar ambas necesidades. Las transferencias condicionales proporcionan un ingreso mínimo y al mismo tiempo incentivan la asistencia escolar. Pero como establece el propio autor Bursztyn, estas transferencias no resuelven la cuestión de la calidad educativa de la región, como se destacó en la publicación insignia del BID del 2017 Aprender mejor: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades.

Aquí viene la pregunta obligada ¿Se puede revertir esa dinámica?  Muchos países de ingresos medios, incluidos los de América Latina y el Caribe, se han mantenido durante mucho tiempo en lo que los economistas llaman, la trampa de los ingresos medios. Dichos países han logrado transformar la mano de obra de bajos ingresos y la inversión elevada en una mayor capacidad industrial y, gracias a ello, han logrado salir de las listas de los países más pobres. Pero siguen dependiendo de la extracción de recursos y carecen de las habilidades que les permitirían beneficiarse de las últimas tecnologías, innovar y alcanzar niveles de productividad que los llevarían a formar parte de la lista de los países más ricos.

Pero convencer a los votantes sobre la imperiosa necesidad de invertir más en capital humano, por ejemplo, a través de una educación de calidad que les pueda garantizar un futuro mejor para sí mismos y para las generaciones futuras, puede requerir la participación de líderes con una visión extraordinaria y un eficaz poder de persuasión.

Loading Facebook Comments ...

LEAVE A REPLY