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El futuro del trabajo en América Latina ¿Una oportunidad para la región?

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Este artículo podría iniciar con algunas preguntas que posiblemente se podrán responder en los próximos años: ¿Desaparecerán nuestros trabajos ante la llegada de los robots? ¿Qué deberían estudiar los jóvenes hoy para tener éxito en el mercado laboral del mañana? ¿Cómo cambiará esta transformación tecnológica la forma en que trabajamos? ¿Ayudará a combatir el grave problema de la informalidad o, por el contrario, hará que empeore?

El futuro del mercado estará marcado por dos tendencias que sin lugar a duda impactarán a los jóvenes y envejecientes en las próximas décadas, el tsunami tecnológico y el |envejecimiento de la población y es que hay un mito de que la población de América Latina es joven cuando a nivel de estadística es la que más rápido envejece.

Por razones obvias  y de acuerdo al estudio hecho por la CEPAL sobre “Envejecimiento y desarrollo en América Latina y el Caribe” https://www.cepal.org/es/publicaciones/7166-envejecimiento-desarrollo-america-latina-caribe relata el porque América Latina envejece tan rápido.

Sin embargo, tenemos muchos retos y desafíos por delante ya que las innovaciones llegan con retrasos a nuestros países, lo que hace cada vez más imposible mantenernos a la vanguardia de las tecnologías.

Cabe destacar que el futuro del trabajo tiene formidables repercusiones económicas, sociales y políticas a nivel mundial y, en enespecial, para los países de América Latina y el Caribe, donde va a ser un tema particularmente importante, dado que la región se encuentra en un momento bisagra: las decisiones tomadas hoy pueden cambiar el destino de los países, de sus trabajadores y de todo su sector productivo.

En el ámbito económico, ambas tendencias pueden provocar cambios en el crecimiento de la economía y la productividad, incrementar o disminuir la desigualdad, y afectar al empleo y a los ingresos. Desde un punto de vista social, alterarán la manera en que interactúan las empresas, los individuos y el Estado. En el área de políticas, obligarán a repensar la educación, la formación para el trabajo y la propia configuración del estado de bienestar, exigiendo a los países dar una respuesta eficaz a los desafíos comunes.

Pero también es cierto, que el trabajo puede ser una actividad no placentera, ya que nos aleja de nuestras familias, nos agota tanto física como mental, y es una parte esencial de nuestras vidas. De hecho, casi la mitad del ingreso de los países en América Latina y el Caribe se origina del trabajo y la gran mayoría de las personas dependen de su actividad laboral para poder subsistir económicamente.

Ahora bien, el trabajo va más allá del ingreso: es una fuente de integración en la sociedad.

He dicho al principio de este artículo que en la próxima década estaremos marcados por dos grandes trasformaciones y que las mismas van a afectar a a la globalización de bienes y servicios y los potenciales impactos del cambio climático implícitos en el ámbito laboral.

Para el economista Eric Gordon: “los cambios tec­nológicos actuales no son capaces de igualar los impactos (en términos de crecimiento económico y bienestar de las personas) que tuvieron las invenciones pasadas. La elec­tricidad y los descubrimientos relacionados, como el ascensor, las máquinas y las herra­mientas eléctricas, la lavadora y el refrigerador, los equipos de calefacción y ventilación, los vehículos a motor y la distribución de agua a través de cañerías fueron innovaciones que transformaron la vida de las personas y que impulsaron el crecimiento de la eco­nomía. De hecho, las tecnologías de la cuarta revolución industrial aún no muestran los impactos deseados (ni esperados) en términos de una mayor productividad.

En el otro extremo, otros expertos (como Erik Brynjolfsson) advierten de que el cambio tecnológico va a tener fuertes impactos, aunque subrayan que la tecnología por sí sola no es suficiente. Esta postura considera que es necesario rediseñar la ma­nera en la que trabajan las empresas para obtener todos los beneficios que pueden desprenderse de las nuevas tecnologías, a las que no debe verse como una amenaza sino como una aliada.

Los cambios tecnológicos vertiginosos pueden representar un problema, ya que nuestra capacidad de adaptación es limitada.

Espero que nuestros gobiernos de toda la región de América Latina, incluido El Caribe, puedan darle soluciones a estos dos problemas que se nos ciernen encima lo más pronto posible.

 

Nos leemos en otro Hablando con el Soberano.  

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