Home Columnas ¿Por qué no confiamos en nuestro vecino e instituciones en latinoamérica?  

¿Por qué no confiamos en nuestro vecino e instituciones en latinoamérica?  

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Es muy sabido que en nuestros países la confianza es un bien escaso, por los niveles de inseguridad en quienes nos rodean y en quienes nos dirigen como nación.

Resulta que la confianza es un bien escaso en América Latina y el Caribe. Según una encuesta realizada por Latinobarómetro, el nivel de confianza de los dominicanos es de un 44% y el 43% de los mexicanos dice que tiene poca confianza en las personas que viven dentro de sus propias comunidades. Ese número sube a un 54% en Perú. Y en Brasil aún más: un 63% dice tener bajos niveles de confianza en otros. Por el contrario, sólo un 20% de los estadounidenses expresó algún nivel de desconfianza. Cabe destacar que los datos han sido extraídos del informe de (BID-LAPOP, 2016-2017).

“La confianza juega un papel enorme y América Latina nunca clasifica alto”, dice Keefer, asesor económico principal del departamento de Instituciones para el Desarrollo del BID. Los bajos niveles de confianza, agrega, “afectan las reformas y cómo se consigue el cambio”. Philip Keefer no duda ni un segundo en autodefinirse como un estudioso de la confianza. Al ser especialista en desarrollo institucional, ha pasado la mayor parte de las últimas dos décadas investigando en cómo la confianza—o la desconfianza— afectan a las políticas públicas.

La falta de confianza tiene grandes efectos en la forma en que los gobiernos gastan su dinero.

No hay duda de que los latinoamericanos quieren educación pública de calidad, pensiones generosas, atención médica gratuita, una conectividad vial en buen estado, vecindarios seguros y aire limpio. Pero los presupuestos son ejercicios que buscan equilibrio entre las distintas áreas donde los gobiernos deben gastar dinero y asignar recursos. En conclusión: a menos que se esté dispuesto a pagar impuestos más altos, más dinero para educación (o salud, o transporte, u otra cartera) significa menos recursos para otra parte.

¿Cómo juega la falta de confianza de la región en la ecuación? Para averiguarlo, los investigadores del BID trabajaron con el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) de la Universidad de Vanderbilt. LAPOP encuestó a 5,800 ciudadanos en Chile, Colombia, Honduras, México, Panamá, Perú y Uruguay sobre confianza y presupuestos.

La gente quiere mejores servicios, pero se resiste a financiar programas gubernamentales para obtenerlos.

He dicho anteriormente, que la confianza en nuestro país (República Dominicana) es de un 44% cuando necesitamos confiar en otros, sin embargo, la cifra sube en el nivel de desconfianza de los partidos políticos, según la propia encuesta señalada anteriormente.

EL DATO ALARMANTE:

EL 81 por ciento dijo no confiar en que los funcionarios públicos fueran a cumplir sus promesas. La encuesta del BID-LAPOP analizó las expectativas de los encuestados con respecto a los funcionarios públicos, las personas en general y los miembros de la familia. En una escala de 4 puntos, la confianza en la familia llegó a 3.4, mientras que en las personas en general fue de 2.4. Los políticos, por su parte, fueron los peor evaluados: el índice de confianza sólo alcanzó un 1.9.

 Para finalizar les dejo con esta pregunta reflexiva: ¿Cómo pueden los funcionarios públicos recuperar la confianza de los ciudadanos para los cuales trabajan?

Mi repuesta a esta pregunta es, si nuestros gobiernos cumplieran lo que prometen en sus programas de campañas, comunicaran con mayor claridad en qué se gastan los impuestos de los ciudadanos y si pudieran asegurar, donde va el dinero de los contribuyentes en campañas electorales.

Me gustaría saber sus respuestas a esta interrogante.

No dude en escribir, eso es un ejercicio que le podría ayudar a gobernar mejor a los que quieren dirigir el destino de la nación en el próximo cuatrienio.

 

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