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Cuando la criminalidad está por encima de las estrategias

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

En materia de criminalidad, desde que escuchamos un robo o atraco a alguien o a alguna institución financiera, nos producen ciertas ansiedades que muchas veces rayan en la locura. Estas locuras pueden venir desde el ámbito de la propia sociedad, dando falsas informaciones salen a relucir las tasas exageradas que tenemos infladas por un periodismo amarillista y unas redes sociales que no son vigiladas por nadie.

Existe una desconexión entre las informaciones con la realidad que puede haber dilatado los esfuerzos por reducir las costosas tasas de encarcelamiento. Por ejemplo, en Estados Unidos, donde la criminalidad se ha reducido casi a la mitad en los últimos 20 años, las encuestas Gallup revelan de manera sistemática que la mayoría de la gente cree que cada año los niveles de delincuencia en el país son más altos que los del año anterior.

En Chile, uno de los países más seguros de la región, una encuesta auspiciada por el gobierno y publicada en 2017 reveló que el 54% de la población deseaba penas más duras para los delincuentes.

¿Por qué desean los ciudadanos penas más duras, si son un país seguro? Por las falsas acusaciones y la desinformación de periódicos y noticiarios que lo único que les interesa es vender titulares o informaciones “relevantes”.

Pero, cuando las estrategias de mano dura en la lucha contra el crimen que contradicen las buenas prácticas pasa a ser políticas públicas preocupantes, es porque vivimos en un continente donde la influencia de las noticias falsas o por las noticias estridentes más que por los hechos, los ciudadanos apoyan y los políticos implementan políticas de mano dura, pese a la evidencia de su poca o ninguna repercusión sobre la conducta delictiva.

Las políticas de línea dura incluyen penas más duras y otras estrategias punitivas que son mucho menos eficaces que las preventivas, como inversión en educación preescolar, programas de formación parental y otras políticas de bienestar social.

Por ejemplo, las estrategias equivocadas en la lucha contra el crimen conducen a un aumento en la población penitenciaria. Entre 2002 y 2014 la población penitenciaria de los 17 países de la región se duplicó hasta alcanzar 1,2 millones, una tasa de crecimiento que, en caso de sostenerse, podría llegar a ver cerca de 3,4 millones de personas tras las rejas hacia 2030 y generar un incremento de varios millones de dólares en el gasto público anual. Esto, al menos en parte, es impulsado por una población que está a favor de sentencias cada vez más duras, a menudo sobre la base de noticias falsas, exageradas o mal entendidas. Por otra parte, son muy pocos los recursos destinados a estrategias alternativas que logran resultados significativamente mejores, como por ejemplo, el tratamiento para quienes cometen delitos no violentos relacionados con las drogas.

Parte de esta desconexión con la realidad tiene que ver con la reducción en el número de partidos políticos institucionalizados y programáticos que tenían una visión a largo plazo y refrenaron a sus miembros dispuestos a mentir o a exagerar acerca de asuntos como el crimen para beneficiarse políticamente. Esto tiene algo que ver con la difusión en el uso de las redes sociales y la proliferación de sitios web que apelan a los miedos tribales de la población. No existe una solución fácil en la larga lucha por mejorar la política de seguridad.

Sin embargo, la disposición que tienen varios sitios de redes sociales para autovigilarse y reprimir abiertamente las noticias falsas sobre criminalidad y otros asuntos, es al menos un buen comienzo.

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