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América Latina:  cinco retos y cuatro enigmas para la democracia 

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Por Max Montilla
En las décadas de los 80s, 90s y 2000s, América Latina miraba por encima de los hombros de los países desarrollados, para tener una democracia mas o menos plena, por así decirlo.
Pero los conceptos entre tendencias, desafíos y oportunidades cambiaron, mas aun la democracia, que hoy en día, presenta cinco retos desafiantes y cuatro enigmas para seguir de pie.
El primero son las relaciones entre democracia y capitalismo.
Sabemos que el capitalismo es el único modo de producción en sociedades modernas donde floreció la democracia. Pero también sabemos que no es una relación automática ni naturalmente armónica. Por el contrario, las expectativas igualitarias de la democracia exigen formas de regulación pública que limiten la desigualdad social y sociedades donde el poder económico extrapola su esfera de actuación puede llevar a plutocracias.
Las varias formas de liberalismo social o socialismo liberal, que produjeron ejemplos virtuosos de desarrollo capitalista inclusivo, están en crisis, y el horizonte se muestra nublado.
El segundo es la relación entre democracia y nacionalismo/globalización. El diseño de la democracia fue realizado para Estados nacionales, donde partidos compiten en torno a programas diferentes. El espacio de la acción de los partidos en el campo económico se ha estrechado enormemente.
Quedó el campo simbólico, de grupos identitarios en el campo progresista, con un fuerte componente cosmopolita, frente a los cuales hoy se contraponen las identidades nacionales, con coloraciones nacionalistas y a veces religiosas. El resurgimiento del nacionalismo xenófobo coloca en riesgo no solo las instituciones democráticas sino también el papel de las instituciones internacionales. Debemos ser capaces de colocar a la nación nuevamente en el mapa del pensamiento democrático, superando un cosmopolitismo insensible a las realidades nacionales.
El tercer desafío es la relación entre democracia y nuevas tecnologías. Esto incluye desde la colonización de las redes sociales por las fake news, la destrucción del espacio público por una cultura de burbujas, el declive relativo de la prensa colonizada por especialistas de la comunicación que usan sistemas sofisticados de bancos de datos y técnicas psicológicas que alimentan la polarización, con mensajes que demonizan el opositor. Igualmente, y quizás un tema más preocupante aún, el control de corazones, mentes y la organización de la vida social por el uso de instrumentos de inteligencia artificial que permiten la concentración de información sobre la vida de cada individuo, que tienen el potencial de transformar en amantes principiantes las viejas formas de totalitarismo.
El cuarto desafío es el de incluir el valor de la preservación del medioambiente como un componente central del pensamiento y la acción democrática. Esto incluye el pensar tanto en los modelos de sociedades nacionales como de instituciones internacionales.
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