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¿Crear más empresa, refleja un aumento salarial?

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Por Max Montilla
montillamax@gmail.com

En el artículo de la semana pasada escribía sobre qué para
enfrentar los desafíos externos, deberíamos impulsar el
crecimiento desde dentro,

Esta semana escribí sobre el papel de las empresas creadas en
latinoamérica y su impacto en el aumento salarial, manejando
algunas hipótesis, y explicándolas.

Según el informe llamado “Desigualdad en América Latina”,
la desigualdad disminuyó en 16 de los 17 países analizados,
especialmente con grandes reducciones para los exportadores
de materias primas de América del Sur.

La disminución de la brecha salarial entre los trabajadores
cualificados y los no cualificados, seguramente contribuyó a
esta caída, y fue consecuencia de numerosos factores,
incluyendo el aumento de la demanda de trabajadores poco
cualificados durante el auge de las materias primas y la
creciente oferta de trabajadores más experimentados y mejor
educados. Pero estos factores distan mucho de ser los únicos.
De hecho, como lo examinamos en detalle en el libro, más de
la mitad de la reducción de la desigualdad se produjo no entre
los trabajadores cualificados y los no cualificados, sino entre
trabajadores con niveles de habilidades similares.

Sin embargo, salta inmediatamente una pregunta ¿Cuáles
podrían ser las causas de la reducción de las diferencias

salariales entre los trabajadores del mismo nivel de
habilidades?
Las causas de estas diferencias, están enumeradas en las
hipótesis a continuación descritas:

 Factores relativos a la oferta laboral, como la expansión de la
educación y su efecto sobre la caída de la prima educativa;
• Condiciones relativas a la demanda laboral, como (a) el
cambio tecnológico y la liberalización del comercio; (b) los
cambios en la demanda interna; y (c) la apreciación del tipo de
cambio real a raíz del auge de los precios de las materias
primas y la consecuente transición hacia el sector no transable,
que cambió las diferencias salariales entre las empresas;
• Factores institucionales, como el salario mínimo y una rápida
tendencia hacia la formalización del empleo.

La primera hipótesis se puede analizar de la siguiente manera:
La oferta relativa de calificación (utilizando como aproximación
el logro educativo) se expandió continuamente en todos los
países de América Latina y el Caribe desde los años ochenta
Esta expansión contribuyó a la caída de la desigualdad del
ingreso laboral al disminuir la brecha salarial entre los
trabajadores calificados y los no calificados (Card y Lemieux,
2001; Katz y Murphy, 1992). Asimismo, en los años 2000,
existió una combinación de aumentos pronunciados en los
ingresos laborales de los trabajadores no calificados y una
disminución de empleo en ocupaciones no calificadas como en
el caso de Perú y Brasil. Sin considerar los cambios en la oferta
laboral (tanto en cantidad como en calidad), no es posible
explicar lo que ocurrió en el tramo inferior de la distribución
salarial. Es decir, se trata de patrones que resultan
incoherentes si sólo se considera el aumento en la demanda de
trabajadores no calificados.

La segunda, podría abordarse desde la siguiente perspectiva:
La literatura suele destacar dos fuerzas como potenciales
fuentes de impulso de la demanda relativa por trabajo
calificado: el cambio tecnológico y la liberalización del comercio
sesgados a favor del trabajo calificado. En países como los
Estados Unidos, los estudios y encuestas de opinión sugieren
que esas fuerzas, en especial los cambios tecnológicos, son los
principales motores de los cambios en la desigualdad del
ingreso laboral (Autor, Katz y Krueger, 1998; Berman, Bound y
Griliches, 1994; Feenstra y Hanson, 1999; Goldin y Katz, 2007;
Krueger, 2012). La “polarización” de las ocupaciones en el
mercado laboral, una versión más reciente de la hipótesis del
cambio tecnológico, ha tenido un impacto importante sobre las
compensaciones salariales de los trabajadores en Estados
Unidos y, por esta vía, sobre la desigualdad del ingreso laboral
(Autor et al., 2014; Autor y Dorn, 2013).

Este fenómeno consistió en una expansión en la demanda de
ocupaciones calificadas y no calificadas en detrimento de las
ocupaciones de mediana calificación, que tienden a implicar
tareas fácilmente codificables y que, por tanto, pueden ser
maquinizadas (Autor et al., 2014; Autor y Dorn, 2013).
Sin embargo, la evidencia empírica para América Latina señala
que el cambio tecnológico no constituyó el principal motor de la
desigualdad en la región. Los ingresos laborales se expandieron
con mayor rapidez en las ocupaciones de baja remuneración
que en las de alta remuneración.

El cambio tecnológico sesgado a favor del trabajo calificado
hubiera provocado el efecto contrario. Adicionalmente, no
existe suficiente evidencia de que haya habido una polarización
del mercado laboral, en el caso de Brasil y Perú. De hecho, la
evidencia sugiere que la polarización ocupacional en la mayoría
de los países de la región es débil (Maloney y Molina, 2016;
Messina, Pica y Oviedo, 2016).

La tercera y última hipótesis es la siguiente:
El informe anteriormente mencionado enfatiza la función que
desempeñan las condiciones del mercado en la desigualdad del
ingreso laboral en la región. En la década de los años 2000, las
tendencias de la demanda interna agregada en fueron
radicalmente distintas a las de Centro América y México. En
América del Sur, el período se vio caracterizado por un fuerte
aumento en la demanda interna que reflejó el efecto sobre el
consumo que tuvieron las mejoras de los términos de
intercambio, que respondieron al auge de los precios de las
materias primas, pero también a los grandes ingresos de
capital en la región. A su vez, América del Sur, vio la caída más
grande en los retornos a la educación y así la caída más grande
en la desigualdad del ingreso laboral. El marcado aumento en
la demanda estuvo asociado con una mayor expansión del
empleo en el sector no transable que en el sector transable.
Esto podría haber reducido la brecha del ingreso laboral por
nivel de calificación por dos motivos distintos: diferencias de
intensidad en el uso de trabajo calificado entre sectores o
diferencias en la elasticidad de la oferta de trabajadores
calificados en contraposición a los no calificados.

 

 

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