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Por Max Montilla
Es sabido por todos/as, que la educación es la forma más precisa para salir del atraso social, por medio a ella, podemos obtener mayores ingresos, más acceso a oportunidades, ser más visibles dentro de la sociedad. A las mujeres, les permite elegir mejor a sus parejas, evitando así el abuso y la discriminación, tratando de hacerlas mas iguales en una sociedad, menos igualitaria.
Sin embargo, existe evidencia de que mientras mas educada es la mujer, eso no significa que sea menos abusada por el hombre. Es incluso posible que la violencia física y sexual sea más común entre las mujeres más educadas. Y, al parecer, es menos probable que una mujer educada denuncie los abusos.
¿A qué se debe esto? se explica en parte por las extremas dificultades que implican denunciar la violencia física y sexual.
Después de todo, los abusos en el hogar son en gran parte invisibles y se producen tras puertas cerradas. Y a menudo las mujeres guardan silencio por diversos motivos, entre ellos los vínculos emocionales, sociales y económicos que unen a los miembros de una pareja y el estigma que acompaña la denuncia de los abusos.
Existe un informe llamado “Del compromiso a la acción: políticas para poner fin a la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe”. En este informe se identifica el progreso realizado en los enfoques institucionales para combatir la violencia contra las  mujeres en la región y contribuirá a la base de conocimientos sobre la implementación de políticas y planes nacionales y será un recurso importante para muchos países en el proceso de formulación, implementación y evaluación de sus políticas.
Políticas y planes públicos propios.
Además, presenta experiencias prometedoras desarrolladas por algunos estados en las áreas de prevención; cuidado; castigo; y la reparación de la violencia contra las mujeres y proporciona recomendaciones para abordar los cuellos de botella críticos que persisten en las respuestas a la violencia contra las mujeres en la región.
Y es que para nadie es un secreto que América Latina y El Caribe, sea la región con la segunda tasa mas alta de actos de violencia. Aquí les dejo el link, para que investiguen más si desean: http://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/en/home/library/womens_empowerment/del-compromiso-a-la-accion–politicas-para-erradicar-la-violenci.html
Pero, y aquí está el bendito pero, que mientras más campañas de sensibilización se hacen, mas mujeres mueren a manos de los hombres y mas maltratos ocurren, se estima que en el mes de noviembre, es que mas mujeres son maltratadas físicas y verbalmente, según la estadística mostradas en 2016 por la Procuraduría General de la República : https://observatoriojusticiaygenero.gob.do/documentos/PDF/indicadores/denuncias_ano_2016.pdf
Lamentablemente, en lugar de calmar la violencia doméstica, estas iniciativas bien intencionadas terminan desencadenándola durante estas campañas, los hombres se muestran más desconfiados, más celosos y más controladores con sus parejas.
Se hizo una investigación, llevada a cabo por Verónica Frisancho y el Dr. Jorge M. Agüero, ambos investigadores, donde los resultados arrojados son los siguiente,  que mientras más educación tiene la mujer mas agredida es por su pareja. El 51% de las mujeres con mayor nivel de educación, por ejemplo, había sufrido jalones de pelo por parte de su pareja, pero sólo el 17% de ellas denunció esa conducta en las preguntas directas, lo que revelaba una diferencia de aproximadamente 34 puntos porcentuales entre las tasas de prevalencia reales y las denunciadas. En cambio, el 40% de las mujeres con menor nivel de educación había sufrido ese tipo de abuso, sin que se observara una diferencia estadísticamente significativa en las tasas de prevalencia entre el método directo y el indirecto.
De la misma manera, el método indirecto revela que las mujeres con mayor nivel de educación eran más propensas a ser golpeadas (39%) o a haber sufrido actos sexuales no consentidos (el 10,5%) que las mujeres con menor nivel de educación (12,6% y 4%, respectivamente). La relación entre educación y violencia se invierte completamente cuando medimos las tasas de prevalencia usando métodos directos.
La buena nueva es que, en las últimas dos décadas, muchos países han llevado adelante importantes iniciativas para informar a las mujeres sobre sus derechos y cambiar las actitudes “machistas” que conducen a la violencia.
Ahora bien, me quedo con esta pregunta ¿Existe un plan serio y continuo para erradicar, mas bien disminuir la violencia intrafamiliar en nuestro país? Si existe, en vez de estar motivando la ideología de género, motiven ese plan en las escuelas.
Nos leemos en otro artículo.
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