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¡S.O.S, Latinoamérica se ahoga por falta de democracia!

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Por Max Montilla
Las siglas S.O.S, según las investigaciones que he realizado, es la señal de socorro más utilizada internacionalmente. Se comenzó a utilizar a principios del siglo XX. Fue aprobada durante una conferencia internacional en Berlín en 1906 para reemplazar la hasta entonces utilizada “CQD” en las transmisiones telegráficas en Código Morse.
Popularmente, se cree que esta señal significa “Save Our Ship” (“salven nuestro barco”), “Save Our Souls” (“salven nuestras almas”)1​ o “Send Out Succour” (“envíen socorro”). Sin embargo, SOS no es la sigla de ninguna frase y fue seleccionada por su simplicidad. No obstante, algunos investigadores creen que SOS es la sigla de la frase “si opus sit”, i. e., “si fuera necesario” o “cuando sea necesario”, de manera que sería la abreviación de una frase que, extraída del contexto de urgencia o de precariedad, llegó a significar “es necesario” y, de ahí, “es necesario el socorro inmediato”.
Pero ahora las utilizo para pedir la ayuda, de “ser necesario y si fuera necesario” salvar a la democracia, esa que significa, demo: pueblo, cracia: poder, ese poder del pueblo que estamos perdiendo cada vez más, sin importar qué tantos presidentes y gobernadores, saquemos del poder, con el mismo “poder del pueblo”.
Y es que ahí, cuando la insatisfacción popular con la democracia desplaza los votos hacia los extremos, causando incluso la desaparición del centro. Así se prepara el escenario para la aparición de outsiders, en su mayoría populistas a costa del detrimento democrático.
El Latinobarómetro 2018 presenta un “indicador sobre la satisfacción de los habitantes con la democracia en América Latina”. De acuerdo con éste, la insatisfacción ha alcanzado una cifra preocupante, que pasó, de 51% en 2008, a 71% en 2018. Escenarios como estos propician la elección de candidatos que quiebran el establishment o más bien que dan espacio a los radicalismos. Entonces, debe entenderse por qué los extremos se convierten en la opción predilecta mientras el centro político agoniza.
Los famosos “outsiders”, (claro, menos en nuestro país), son los que han derrocado, desde gobernadores, como en el caso reciente de Puerto Rico, hasta presidentes como en el caso de Brasil, personas que no están inscrito formalmente en los partidos políticos, llegando hasta la “divinización” de esos “candidatos”. Un ejemplo es el caso del presidente Nayib Bukele.
Aunque son un factor de riesgo, porque es allí donde se arraiga el individualismo por esa adoración casi religiosa a una única figura. Los casos, aunque abundan en nuestro país, no presentan una propuesta sólida.
Es por eso, que la polarización en el espectro político puede desencadenar dos posibles escenarios: el primero, unir contra el sistema a las fuerzas extremistas de izquierda y de derecha; el segundo, el enfrentamiento irreconciliable de los extremos, que podría resultar en el resurgimiento del fascismo y el comunismo, o de sociedad conservadora versus la ruptura revolucionaria.
Para Luis Verdesoto, en su artículo “Democracia y centro político en América Latina”, “los extremos personifican al proceso en deterioro y al nuevo proceso”. En el nuevo equilibrio que se genere, el centro debe ganar espacio y no podrá ser igual al que era en el periodo de crisis y antes de esta. Es allí cuando debe adaptarse y proponer un proyecto modernizador que no deje de lado las necesidades económicas ni las demandas sociales.
Pero, para que exista democracia en nuestros países, debe existir un sistema partidario sano, cosa que está empezando a hacer metástasis en el nuestro, y desde ya se está viendo, aun antes de llegar las elecciones.
Es que Los partidos más institucionalizados han perdido la capacidad de operar como representantes eficaces de las diversas posiciones ideológicas y de intereses presentes en la sociedad.
Por ejemplo, en España, el PSOE y el PP no muestran ninguna diferencia en como manejar la crisis económica, lo mismo sucedió en Grecia, en donde draconianos paquetes de recortes del gasto público fueron impuestos con el apoyo de los partidos más importantes.
Lo mismo pasa en latinoamérica y para volver al título de este artículo, la democracia se está ahogando por esa misma falta de compromisos de los partidos en relación a la sociedad, aunque sin quitar los méritos alcanzados hasta ahora en nuestro país, se han hecho ingentes esfuerzos por articular los partidos con la sociedad, sin embargo, es la sociedad que se ha acercado a los partidos, un ejemplo de eso es La Coalición Democrática por la Regeneración Nacional, lidereada o al menos eso se ve, por un outsiders, el periodista Juan Bolívar Diaz.
La democracia se ahoga, en nosotros está el lanzarle el “salvavidas” o hundirla más.
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