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¿Por qué perdemos la fe los latinoamericanos en la democracia?

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

La semana pasada, escribí ¡SOS, latinoamérica se ahoga por falta de democracia! Esta semana estoy escribiendo sobre el porqué perdemos la fe los latinoamericanos en la democracia.

Para nadie es un secreto que los latinoamericanos confiamos poco o casi nada en la democracia, al menos así lo registra el Latinobarómetro en su versión del 2018, donde una encuesta de opinión pública anual de 18 países en América Latina, pinta un panorama aleccionador de una región desencantada con el gobierno representativo: la satisfacción con la democracia en el estudio de 2018 solo alcanza ahora el 24%, cifra inferior al 44% de 2010: el nivel más bajo desde que la encuesta introdujo la pregunta hace más de 20 años. Entretanto, la confianza en los partidos políticos ha registrado una baja histórica del 13%.

Y es que, a finales del siglo XX, los latinoamericanos vitoreaban con furor cada vez que caían derrocadas una tras otra las dictaduras militares, dando paso a sistemas democráticos con elecciones libres, libertad de expresión e instituciones cada vez más independientes. Aunque se debe destacar que esa fue la llamada “ola de democratización latinoamericana”.

Una encuesta hecha por “The Economist”, clasifica únicamente a dos países de la región, Costa Rica y Uruguay, como plenamente democráticos, mientras que Nicaragua pasó por primera vez a formar parte del grupo de países autoritarios, junto con Venezuela y Cuba.

De hecho, la misma encuesta citada anteriormente expresa que, ahora el respaldo público a la democracia por encima del autoritarismo asciende tan solo al 48%, cifra inferior al 61% alcanzado en 2010, lo cual constituye un recordatorio de lo difícil que es asegurar la solidez y la estabilidad de las democracias en la región, por imperfectas que sean.

Y aquí va la respuesta del encabezado de este artículo, ¿Por qué, perdemos la fe en nuestro sistema democrático?

Aunque se han escrito ríos de tintas en base a que latinoamérica ha ido superando, o haciendo el esfuerzo de superación contra la desigualdad desde el año 2000, también es cierto que nos han afectado tres grandes males, que unidos, inician el descontento en contra de la democracia: el desempleo, la delincuencia, la falta de consenso entre los actores políticos (partidos) y la corrupción.

1.    La delincuencia: al vivir con una tasa de homicidios que es cuatro veces el promedio mundial, los ciudadanos ya están hartos de los problemas crónicos de crimen organizado, pandillas y violencia callejera. Están cansados de vivir atemorizados y tener que pagar los costos personales de una seguridad pública deficiente.

2.    Los escándalos de corrupción siguen sacudiendo la región. Más de una docena de expresidentes y vicepresidentes han sido acusados o condenados por cargos de corrupción en los últimos años. Cerca de la mitad de los latinoamericanos piensa que la mayoría de sus funcionarios locales y nacionales están implicados en casos de corrupción, y el 65% afirma que el problema está empeorando, según Latinobarómetro 2018.

No hay consenso entre la población sobre cuestiones clave y se desconfía de la oposición. Según la última Encuesta Mundial de Valores, en la que los encuestados deben posicionarse en una escala ideológica izquierda-derecha, los nueve países participantes de la región mostraron en promedio una mayor polarización entre los votantes que 13 países desarrollados, incluido Estados Unidos. Con una población tan dividida, es difícil buscar la conciliación entre los responsables de las políticas públicas. Esto ha impedido el tipo de buena gobernanza que sirve para encontrar soluciones a problemas como la corrupción, la delincuencia y el estancamiento económico.

Ahí están descritos a grandes rasgos los grandes males que afectan la democracia, pero, ¿qué podemos hacer para recuperar la fe en nuestros sistemas democráticos?

La respuesta viene dada en simples acciones:

1. fomentar la participación de la comunidad,

2. el activismo de base y el desarrollo de medios de comunicación independientes que apoyen la participación política y,

3. promover sociedades civiles dinámicas,

4. Impulsar leyes y normativas justas que permitan la prosperidad de pequeñas y medianas empresas.

En resumen, hacer cada día más a los ciudadanos participes, no dejándolo en las manos de quienes nos “dirigen”.

Hasta un próximo “hablando con el soberano”

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