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Hablando con el soberano

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¿Qué pasará cuando nos quedemos sin agua, (1/2)?

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Desde que se construyó el acueducto más alto en Roma, por allá por el 48 DC y el más largo fue en 368 DC con un total de 248 Km, nos hemos vuelto mas consumidores de ese liquido, que es, aunque usted no lo crea, finito y con fecha de caducidad para algunos países.

Cada civilización que ha aprovechado el agua, ha prosperado, por ejemplo, la civilización maya sufrió una sequia de casi 100 años, desde el 850 hasta el 950 DC causando grandes alteraciones socioeconómicas y contribuyó al declive de su civilización. En estos momentos, 7 de cada 10 personas cuentan con agua potable, al menos de este lado del hemisferio. Sin embargo, en ciudad del Cabo en Sudáfrica, hace varios años, para abril del 2018, se agravó tanto que llegaron a decretar lo que se llamó el “Dia Cero”.

Ciudad del Cabo es la primera que está planeando eliminar el suministro de agua, es decir, 4 millones de personas dejarían de tener agua de manera común y tendría que ser racionalizada y guardada en envases para su utilización, pero esto no solo sería en Ciudad del Cabo, sino también Sao Paulo, Melbourne, Yakarta, Londres, Beijín, Estambul, Tokio, Barcelona y Ciudad de México, tendrían su propio “Dia Cero”, a no ser que cambien su uso del agua.

Se cree que de seguir asi, desperdiciando el agua, para el 2040, la mayor parte del mundo carecerá de este liquido para cubrir su consumo anual.

En nuestro país, la Republica Dominicana, según el director de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), Alejandro Montás, el 54% del agua que se sirve en Santo Domingo se pierde debido al desperdicio por parte de la población.

Argumentó que en la ciudad se consumen 425 litros de agua por persona por día, que son más de 112 galones, lo cual resulta alarmante, y se debe a que no hay cultura de ahorro en la población.

Reveló Montás que cada metro cúbico de agua le cuesta a la CAASD 30 pesos y se sirve a la población a 6 pesos, añadiendo que hay que sincerar los precios del servicio, pues la mayor parte de los clientes pagan un promedio de 250 pesos al mes.

El 70,8% de la superficie terrestre está ocupada por agua, pero tan solo un 2,5% de toda el agua existente en el planeta es agua dulce, o sea, apta para consumo. De esta, la mayoría se encuentra inaccesible en glaciares, en los polos, etc., así que tan solo disponemos para consumo del 0,5% que es agua subterránea o superficial. En la Tierra habitan actualmente 7,545 millones de personas, de las cuales, cerca del 20% viven en 50 países que carecen de este vital líquido y, siguiendo con el actual ritmo de consumo, se ha convertido ya en un problema capaz de generar conflictos armados e incidirá en el futuro de la diversidad biológica de muchas zonas del planeta.

Se entiende por consumo doméstico de agua por habitante a la cantidad de agua que dispone una persona para sus necesidades diarias de consumo, aseo, limpieza, riego, etc. y se mide en litros por habitante y día (l/hab-dia), tal como especificamos más arriba, es un valor muy representativo de las necesidades y/o consumo real de agua dentro de una comunidad o población y, por consiguiente, refleja también de manera indirecta su nivel de desarrollo económico y social. Este indicador social se obtiene a partir del suministro medido por contadores, estudios locales, encuestas o la cantidad total suministrada a una comunidad dividida por el número de habitantes.

Desde comienzos del siglo XX, la población mundial se ha duplicado, mientras que, como resultado del desarrollo industrial y del mayor uso agrícola, la cantidad empleada de este vital elemento se ha sextuplicado. Teniendo en cuenta que en el mundo existe actualmente la misma cantidad de agua que hace 2.000 años y, que se ha incrementado la sobreexplotación, la contaminación y los efectos del cambio climático, actualmente, casi el 40% de los seres humanos cuentan con problemas de escasez de agua, circunstancia que, para el 2025, afectará a un 66% de la población mundial asentada en países de áfrica y Asia Occidental.

Tal y como citó Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, “el acceso a agua apta para el consumo es una necesidad humana fundamental y, en consecuencia, un derecho humano básico”. Se estima que actualmente se consume al año el 54% del agua dulce disponible y, según la UNESCO, a mediados del siglo XXI la población mundial alcanzará los 12.000 millones de habitantes previstos, la demanda se habrá duplicado y las reservas hídricas de nuestro planeta llegarán a su tope.

Aunque miles de millones de personas han obtenido acceso a servicios básicos de agua potable y saneamiento desde el año 2000, pero estos servicios no proporcionan necesariamente agua potable ni saneamiento seguro. Muchos hogares, centros de salud y escuelas también carecen de agua y jabón para lavarse las manos. Esto aumenta el riesgo de contraer enfermedades que, como la diarrea, pueden afectar la salud de todo tipo de personas, especialmente de los niños pequeños.

Como resultado, 361,000 niños menores de 5 años mueren cada año a causa de la diarrea. El saneamiento deficiente y el agua contaminada también están relacionados con la transmisión de enfermedades como el cólera, la disentería, la hepatitis A y la fiebre tifoidea.

De los 2,100 millones de personas que no disponen de agua gestionada de forma segura, 844 millones no tienen ni siquiera un servicio básico de agua potable. Esto incluye a 263 millones de personas que tienen que emplear más de 30 minutos por viaje para recoger agua de fuentes que se encuentran lejos de su hogar, y 159 millones que todavía beben agua no tratada procedente de fuentes de agua de superficie, como arroyos o lagos.

En 90 países, el progreso hacia el saneamiento básico es demasiado lento, lo que significa que sus habitantes no alcanzarán la cobertura universal para 2030.

De los 4,500 millones de personas que no cuentan con un saneamiento seguro, 2,300 millones aún no disponen de servicios básicos de saneamiento. Esto incluye a 600 millones de personas que comparten un inodoro o letrina con otros hogares, y 892 millones de personas –la mayoría en zonas rurales– que defecan al aire libre. Debido al crecimiento demográfico, la defecación al aire libre está aumentando en África subsahariana y Oceanía.

Es decir, estamos en un punto donde sino podemos controlar la forma que consumimos el agua, pronto nos quedaremos sin ese líquido, ya que no existe un sustituto y sin ella, no podríamos sobrevivir, sino solo 5 días si nos faltara.

Hasta el momento, la tierra es el único plantea azul que existe, tenemos según fuentes de más de mil doscientos treinta y cuatro millones de billones de H2O.

Lo cual cuestiono de manera enérgica: ¿Tienen las personas el porcentaje por agua per cápita de acuerdo al país donde viven? Por ejemplo, Kuwait, el porcentaje por metro cubico por persona es de 10, mientras en Canadá es de 10 mil veces más.

Si esa pregunta es importante, la siguiente es aún más, ¿importa dónde está el líquido? Como ya he escrito en párrafos anteriores, el 2.5% es agua dulce, pero la mayoría se encuentra bajo tierra, por lo que es muy costosa su extracción, así que recurrimos a fuentes superficiales, como los ríos y lagos, pero ¡oh sorpresa! Estamos contaminando los ríos y lagos.

 

Espero contar con su atención en la continuación de este importante artículo en un próximo Hablando con el Soberano.

 

¡Nos leemos luego!

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