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“Empujando”

para disminuir la violencia contra la mujer

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Hace varias semanas escribí acerca de las políticas públicas de los hombres. En este articulo escribiré, como lo he hecho en otras ocasiones, sobre las políticas públicas de las mujeres y trataré de disminuir por medio a estos escritos, la violencia tanto en hombres como en mujeres.

Según los datos de un estudio mundial, el 30% de las mujeres que alguna vez han estado en una relación de pareja han sufrido violencia física y/osexual perpetrada por su pareja íntima. En América Latina y el Caribe (ALC), se estima que el 29.8% de las mujeres que alguna vez han tenido pareja han sido abusadas física o sexualmente (OMS, 2013).

 

Y es que la violencia de pareja íntima (VPI) es una de las principales causas de muerte, ya que representa el 34% del total de asesinatos de mujeres a nivel mundial (UNODOC, 2018). Tiene graves consecuencias físicas, mentales, y en la salud reproductiva de las sobrevivientes y sus dependientes, y supone grandes costos sociales y económicos para las generaciones presentes y futuras (OMS, 2013).

Sabido esto, los gobiernos de ALC han emprendido una serie de iniciativas legislativas y políticas destinadas a prevenir y responder a la VPI. En los últimos años, esto ha venido acompañado de un apoyo público y una movilización de la sociedad civil sin precedentes para exigir servicios más eficaces para las sobrevivientes (BBC,2016; Rincón Henao, 2017).

Por lo tanto, proporcionar servicios que protejan y empoderen a las sobrevivientes es un componente esencial de las respuestas gubernamentales a la VPI. Si bien los programas enfocados en los agresores aún son escasos en la región, los servicios para sobrevivientes llegan a millones de mujeres todos los días, apoyado por los gobiernos para que puedan atender a esta población de manera más efectiva.

Para esto propondría aprovechar los conocimientos de las ciencias del comportamiento para ampliar las herramientas a disposición de los responsables de la formulación de políticas, mejorar el diseño de los servicios para sobrevivientes y, en última instancia,lograr una mejor calidad de vida para las mujeres.

Pero, ¿qué son las ciencias del comportamiento? Las ciencias de la conducta o del comportamiento, son un conjunto de disciplinas que centran su atención en la conducta humana en la medida en que influye y es influida por las actitudes, el comportamiento y la necesidad de otras personas. Las disciplinas que forman parte de las ciencias de la conducta son: antropología, pedagogía, ciencias políticas, psiquiatría, psicología, criminología y sociología.

Este conjunto se incluye dentro de otro más amplio: las ciencias sociales. Estas estudian el origen, funcionamiento y las instituciones de la sociedad. Además, esta categoría más amplia incluye las disciplinas enmarcadas dentro de las ciencias de la conducta y otras como derecho, economía, historia y geografía.

Por lo que, las ciencias de la conducta se aplican para diagnosticar y predecir la conducta humana, como, por ejemplo, en sondeos y encuestas (políticas, estudios de mercado, cuestionarios y pruebas de actitud), y con fines psicológicos, al estudiar y realizar pruebas de aptitud, habilidad, capacidad y personalidad.

Cada vez más, los formuladores de políticas de todo el mundo están aplicando ideas de las ciencias del comportamiento para abordar una amplia gama de desafíos de política pública, desde promover una alimentación saludable hasta aumentar el nivel de educación.

Ya que sabemos que son la VPI y la ciencia del comportamiento, me surge la pregunta que espero sea respondida por los organismos nacionales que les interesa el tema como son el Ministerio de la Mujer, el Despacho de la Primera Dama, el Ministerio de Salud Pública y dejaré esta pregunta abierta: ¿Por qué no mejoramos  la formulación de políticas en torno a la VPI con la ayuda de las ciencias del comportamiento?

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