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¿Más Estado o más mercado?

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

 

El debate de la participación o no del Estado en la economía lleva siglos. El padre de la economía, Adam Smith, esbozó en su obra “La Riqueza de las Naciones” algunos principios  que constituyen la columna vertebral ideológica del liberalismo económico. Uno de los principios fundamentales de este economista inglés, es la capacidad que tiene la economía de auto-regularse   y para ello acuña el concepto de “mano invisible”, por lo que en el proceso productivo no es necesaria la intervención del Estado, y se reduce la participación del Estado a garantizar las condiciones para incentivar la iniciativa.

Este relato de ideas bien fundamentadas alcanza su clímax cuando las crisis cíclicas del capitalismo se ven en la obligación de redefinir al modelo para que no colapse.  Para poder entender la génesis de esta realidad, hay que hacer un repaso de la  historia. Desde que se empezaron a sentar las bases para que el capitalismo se convirtiera en el modo de producción dominante de la sociedad, el papel del Estado se reducía a actividades como el cobro de impuestos, mantener una política aduanera para proteger la producción local frente al capital extranjero,  procurar el orden social por medio de sus aparatos represivos y la defensa de la soberanía. Muchos teóricos entienden  que inicialmente el Estado tenía la función de “guardián”, debido a que su tarea era dar garantías al status quo para su permanencia.

Otro escenario, donde el Estado empieza a tener una participación menos pasiva en la economía fue con el establecimiento de monedas nacionales. Durante   la primera guerra mundial el Estado aumenta significativamente su presencia en  los asuntos económicos por lo que tuvo que ir en socorro del sistema y defender a sus oligarquías, por lo que esa lucha bélica no fue más que una guerra de mercados y el Estado estuvo ahí.

Después de la primera guerra mundial el Estado tuvo un papel  de “bombero”, de modo que cada vez que el sistema productivo entraba en crisis, la maquinaria estatal salía al encuentro. Por consiguiente, no es un capricho, suerte o destino, sino una exigencia  del desarrollo capitalista.

En otro orden, la gran crisis económica de 1929 en Estados Unidos que tuvo un alcance y repercusión mundial, redefinió radicalmente el papel del Estado, que pasó de ser “bombero” a “intervencionista o productivo”. De esta manera se echó a un zafacón los principios del liberalismo económico. El avance del socialismo que era una especie de fantasma para los intereses del gran capital  provocó que los mismo empresarios exigieran la intervención del Estado.

Este dilema pudo superarlo Franklin Delano  Roosevelt, quien aplicó los principios del economista inglés, John Meynard Keyness, quien sostenía que el Estado debía intervenir en la economía con el fin de  disminuir el desempleo y aumentar la producción. Estas ideas aplicadas por el  entonces presidente estadounidense, Franklin Delano  Roosevelt  salvó el sistema del colapso.

Podemos concluir, que en los momentos actuales hablar de que si debe primar el Estado o el mercado en la economía es un debate donde reluce las pasiones, pero no menos cierto es, que la participación de ambos es fundamental para el desarrollo, debido a  que no se debe anular la iniciativa privada, creadora de riqueza y crecimiento económico. Es decir, no se le puede poner un bozal a quienes saben producir dinero, pero el Estado debe de estar presente para compensar las desigualdades del mercado y garantizar acceso a salud y educación a los sectores con menos posibilidades de desarrollar su potencial al máximo. El Estado debe amparar a los desarropados, o como diría el profesor Juan Bosch, a los “hijos de Machepa”, refiriéndose al grueso de la población que vive bajo el manto de miseria, la pobreza màs absoluta y la exclusión social.

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