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Auschwitz, 75 años después

donde la maldad se asoció con la indiferencia

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Tal vez para la sociedad dominicana, el título de este artículo no sea tan relevante como para la sociedad mundial judía y lo que implica aun su nombre para los sobrevivientes de un holocausto que mató cerca de 11 millones de personas, entre judíos, gitanos y otros grupos étnicos, sociales e ideológicos diferente a la raza aria.

El lunes 27 de enero, se cumplieron 75 años de la liberación de Auschwitz, un campo de concentración en Oświęcim, Polonia, donde llevaban a cada una de las personas citadas en el párrafo anterior para su exterminio, solo por no ser lo “suficientemente puro” para los estándares de los alemanes de ese entonces, guiado por Adolf Hitler.

Los judíos, gitanos, homosexuales y demás grupos étnicos eran visto por los nazis como una raza inferior que debían de ser exterminados de la faz de la tierra.

El historiador Ian Kershaw escribió: “El camino a Auschwitz fue construido con odio, pero pavimentado con indiferencia”. Este pensamiento ha sido refutado por la profesora de filosofía Rivka Weinberg. Ella entiende que el holocaustose se puede ver de la siguiente manera: “No tenemos que ser héroes para evitar genocidios. Sólo tenemos que asegurarnos de no ayudar a cometerlos”.

Su tesis es que “la creencia de que las atrocidades ocurren cuando la gente no es educada contra el mal y se mantiene como espectadores pasivos y eso se volvió parte de nuestra cultura y la forma en que pensamos y aprendemos la historia. ‘¡No seas un espectador pasivo!’, nos urgen. ‘¡Defiende lo que crees!’, les enseñamos a nuestros hijos. Pero esto es un gran error. Es falso que no hacer nada crea catástrofes morales; es falso que la gente generalmente sea indiferente al sufrimiento de los demás; es falso que podamos educar a la gente para que sea heroica; y es falso que si fallamos en transmitir estas lecciones hay otro Holocausto a la vuelta de la esquina”.

Mi idea es la siguiente: “el efecto de no hacer nada es colaborar con el que está haciendo lo incorrecto”. Esta idea cobra más fuerza cuando leo lo que escribió J.K. Rowling: “Quienes eligen no empatizar, dan lugar a los monstruos reales, porque sin cometer nosotros mismos ningún acto de verdadera maldad nos confabulamos con ellos a través de nuestra apatía”.

Mas aún, lo que somos cristianos entendemos la palabra de Dios en el libro de Levítico, que nos dice: “No permanecerás imperturbable ante la sangre de tu prójimo”. Es que, la apatía es un pecado. Pero es más que un pecado. “A la larga, la apatía se suma a la cobardía” Esta es la clase de cobardía que da fuerza al mal. Esto es lo que hace posible una maldad draconiana.

Al final, nos queda el pensamiento que le dio inicio a este artículo, nunca podemos dejar que la maldad se asocie con la indiferencia y no convertirnos en apáticos de las necesidades humanas.

Nos leemos en otro artículo. Hasta una próxima.

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