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De la Asistencia social al Estado de Derecho

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

 

En octubre  del año 2002, por primera vez en la historia de Brasil un obrero metalúrgico se alzó con el triunfo electoral. Su nombre es Luis Ignacio Lula Da Silva, hecho que cambió radicalmente la historia de ese país suramericano, marcado por la desigualdad social y la  situación de abandono. Prontamente Lula emprendió una agresiva política de asistencia social para aliviar y mejorar el destino de millones de brasileños que anhelaban una vida buena. Implementó programas como cero hambre, construcción de nuevas universidades para que los sectores populares se incorporaran a la vida académica y productiva, acceso que era hasta ese momento un privilegio para un grupo reducido de la población. Por lo tanto, con estos programas  se proyectó un valioso referente de combate a la pobreza.

Ese modelo de Lula tuvo  mucha receptividad  en la  región  y la República  Dominicana no se hizo esperar. El país, por razones de cultura política está marcado por dos prácticas ancestrales: el clientelismo y la asistencia. Estas dos prácticas han sido posible y hasta exitosa en términos electorales debido a que la mayor parte de la población vive sin el mínimo vital  producto del drama de la pobreza, la excesiva precariedad en los servicios básicos y, en consecuencia, las posibilidades de cambiar esa realidad o estado de cosas es nula, de modo que nos encontramos  frente a un dilema llamado por el filósofo francés, Gilles Lipovetsky, como “pobreza sin horizonte”, donde un sector que constituye  la mayoría está en una franca situación de vulnerabilidad.

En un contexto de abierta desigualdad, la actividad política es el camino hacia la movilidad social ascendente, las campañas electorales son como una especie de “zafra”, la oportunidad para modificar la realidad individual y no la colectiva.

Creo que la asistencia social en República Dominicana no tiene el interés de mejorar la vida de la gente, más bien es un mecanismo para ganar adeptos y clientes. Esta práctica reproduce la pobreza y ya los ciudadanos dejan de ser sujetos de derechos a ser clientes. En consecuencia, el modelo de asistencia social dominicano reparte como favores lo que se tiene que garantizar como derechos.

Abogamos porque la asistencia social en el país  sea reformulada, ya que la tendencia  de ésta es  provocar la pasividad,  dependencia y parasitismo en segmentos y poblaciones. La asistencia social debe ser por un período y  crear  las condiciones para que la gente no dependa de ella y pueda tener suficiente autonomía, por consiguiente, quien tiene independencia del estómago,  goza de soberanía en sus ideas y accionar.

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