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Triste y larga noche neoliberal: Caso Macri en Argentina

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

 

La región de América Latina es considerada como la más desigual del planeta. Dentro de las razones que pueden explicar este dilema mundial se debe a una acentuada cultura de privilegios y por tener una élite entreguista y genuflexa.

El período de mayor entreguismo fue en la década del ’80, cuando desde los círculos de poder extranacionales se llevó a cabo un pacto de la élite financiera global para asegurar la más alta rentabilidad y maximización  del gran capital. Este pacto se llamó el “Consenso de Washington”,  que tenía más de Washington que de consenso.

Esta propuesta salió de las entrañas de los organismos financieros internacionales  con sede en Washington, así como del Departamento del Tesoro en EE.UU. Este consenso fue propuesto por el economista inglés James Williamson, que consistía en que los países en crisis en vía de desarrollo tenían que aplicar una serie de medidas para salir de ellas, tales como la estabilización macroeconómica, apertura al comercio,  la expansión del mercado, reducción del  Estado y la expansión de las fuerzas del mercado.

Estas medidas que se aplicaron a rajatabla  en la región se argumentaba que en América Latina había una excesiva intervención del Estado en la economía,  la ausencia de un adecuado sistema de precios libres, y el distanciamiento de los mercados internacionales, producto de los requerimientos que imponía el modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (ISI).

El Fondo Monetario Internacional (FMI) le prestaba a los gobiernos, pero las exigencias de pago y la cuota al servicio de la deuda tenía un costo social demasiado alto, generando malestar social. A esta década de  1980 se le conoce como la”década perdida”. Tanto el FMI, Banco Mundial, el BID y otras  instituciones  financieras internacionales  se encargaban de cobrar la deuda y aumentarla. Los gobiernos para poder pagar la deuda tenían que aplicar unas reformas de ajuste estructural que fue insostenible en el tiempo y esto se tradujo en indignación, impotencia, descontento social,  protestas y movilizaciones  por parte de la ciudadanía que se  sentía decepcionada y desilusionada.

Esta crisis permanente sirvió de  caldo   de cultivo para la irrupción de nuevos actores políticos que conectaron con las demandas populares y la deuda social acumulada. A su vez coadyuvó al resquebrajamiento de la partidocracia y el nacimiento de nuevos partidos que se tornaron atractivos. La sociedad abogaba por el  lema “que se vayan todos”.  Emergieron figuras que se alzaron con la presidencia de la República, tales como Hugo Chávez en Venezuela (1998);  Luis Ignacio Lula Da Silva en Brasil; Evo Morales en Bolivia; los Kichner en Argentina; Fernando Lugo en Paraguay; Tabaré Vásquez y Pepe Mujica en Uruguay, entre otros. 

Algunos analistas políticos y económicos consideran que con el ascenso al poder de estos líderes en América Latina se inició “la Era del pueblo”, debido a que la centralidad de las grandes decisiones políticas no la tenía el gran capital sino los seres humanos.  Se inició un agresivo programa de políticas públicas para sacar el mayor número de personas de la pobreza y la ignominia.  Todos esos logros fueron posibles gracias al ciclo económico que era bastante favorable.

 

Caso Macri en Argentina 

Como señalamos  anteriormente, los nuevos actores  políticos post-consenso de Washington encontraron a sus países en una situación de bancarrota, hasta la autoestima personal del pueblo estaba por el suelo. El caso argentino es muy particular, de 2001 a 2003 la situación de Argentina era bastante calamitosa, a tal punto que el entonces presidente de esa nación suramericana, Fernando de la Rúa, dispuso restricciones para retirar el dinero que los ciudadanos tenían depositados en cuentas corrientes  y cajas de ahorro, o sea, el cierre bancario, esto genero protestas en todo el país. En el  2003 se celebraron elecciones presidenciales, Néstor Kirchner  fue candidato de una coalición de partidos llamada Frente para la victoria. En la primera vuelta no obtuvo el triunfo, pero para la segunda vuelta electoral el puntero para las elecciones, Carlos Menem, decidió renunciar y Kichner ganó cómodamente. Redujo a la mitad los niveles de pobreza en Argentina, indigencia y subempleo, redefinió la política exterior y lo más destacable, pagó la totalidad de la deuda externa al Fondo Monetario Internacional, recuperando la autonomía y soberanía financiera.

La esposa de Kichner, Cristina, siguió  el legado de su esposo, pero sufrió un revés electoral en el año 2015 cuando el empresario Mauricio Macri se alzó con el triunfo electoral. Macri prometió encauzar a Argentina por el progreso y desarrollo. Como obstante firmó acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, cuando Cristina salió del gobierno Argentina tenía algunos problemas, tales como inflación, pocas reservas internacionales, el dólar estaba contenido por la fuerte demanda de los argentinos por esa moneda, sin embargo, no tenían un problema tan fuerte como lo constituye la deuda. 

Durante el gobierno de Cristina la deuda en Argentina representaba el 38% del Producto Interno Bruto y la deuda en dólares era el 13% del PIB, pero con el ascenso de Macri al poder con el argumento de que tenía que resolver el problema del superávit fiscal  empezó a tomar prestado y llevó la deuda a niveles inimaginables. El Fondo Monetario Internacional le prestó al gobierno de Macri 57 mil millones de dólares, que viene siendo el 60%  de lo que representa el mundo. Todo ello para sostener a Macri. Esta deuda representa el 95% del PIB de Argentina,  en los dos últimos años se experimentó una caída del consumo, 5 millones de nuevos pobres, el 40% de argentinos vive por debajo de la línea de pobreza, ese es el legado de Macri.

¡Macri fue un excelente alumno del Fondo Monetario Internacional y un pésimo doliente del pueblo argentino!

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