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Nacionalismo y Globalización: dilema de nuestro tiempo

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

Para muchos cientistas sociales, el fenómeno de la globalización es un acontecimiento y una realidad irreversible, a tal punto que el filósofo canadiense  Marshall Mc Luhan aseguró que vivimos en una “aldea global”,  esto es, que gracias al avance de las comunicaciones el mundo se convertiría en un espacio más manejable y pequeño. Lo que  verdaderamente aceleró este hecho fue el auge meteórico de la internet que  hiper-conectó el planeta, en consecuencia, una situación de hostilidad que se produzca en un lugar remoto del planeta puede afectar directa o indirectamente la vida de millones de personas que se encuentran a una distancia abismal o del cielo  a la tierra.

Ante lo expresado anteriormente, existen nuevas realidades que están en nuestras narices, que se pensaba que estaban en el anonimato y el oscurantismo. No obstante, ha despertado de una forma efervescente la agenda política y económica de muchos estados. Nos referimos al resurgimiento del nacionalismo.

¿Qué es el nacionalismo, cual es su génesis, por qué genera  tanto apoyo político?

Para el filósofo e historiador   español Miguel Artola, el nacionalismo tuvo su génesis en el pensamiento romántico que niega el individualismo característico de la Ilustración para levantar en su lugar la idea del hombre como miembro de un grupo natural, el   pueblo, del que recibe lengua y valores, de forma que no existe destino individual al margen del destino del pueblo, por lo tanto, el nuevo sujeto histórico puso fines por encima de los del individuo y reivindicó  objetivo irrenunciable la conquista de la soberanía, único medio de asegurar la realización del destino que decidió la creación de los pueblos.  Dentro de los elementos constitutivos de una nación están: la cultura, la lengua, historia común, raza, religión. Todos estos elementos antes mencionados son fundamentales y son entes que cohesionan a la sociedad de una forma increíble.

En ese mismo orden, con el paso del tiempo las ideas nacionalistas alcanzaron mayor notoriedad y  fuerza  en Europa, sobre todo en Italia y Alemania, que lograron su unificación como -estado-nación y que hasta el día de hoy ha sido y es un referente obligatorio a la hora de hablar de nacionalismo.  Después que finalizó la primera guerra mundial en el año de 1918, países como Italia y Alemania quedaron devastadas y ridiculizada ante la opinión pública mundial. Esto hizo que la autoestima de esas naciones cayera estrepitosamente, en el caso particular de Italia, esto dio  como  resultado que emergiera una figura desconocida que logró capitalizar  políticamente la desmoralización de todo un pueblo. Esa figura fue Benito Mussolini.

Mussolini apeló a valores  tradicionales para cohesionar ese cuerpo social fragmentado, y es en ese contexto histórico que nace el fascismo en 1919. El fascismo invocó el espíritu  de grandeza de  Roma y a su vez prometía el retorno de esos años de gloria, por consiguiente, una característica elemental del fascismo fue un apasionado deseo de restablecer un nuevo imperio. En esa misma dirección, el nacionalismo caló en Alemania post-primera guerra mundial. Esta nación quedó ridiculizada, humillada y excluida en el proceso de negociación en 1919. Todas esas frustraciones colectivas acumuladas dio al traste con el ascenso de Adolfo Hitler al poder en Alemania, quien enarboló la superioridad de la raza aria y como aquella que tenía que dominar y dirigir los destinos de la humanidad, por lo que luchaban por un espacio vital. A pesar de lo descabellado que parezcan estas ideas, esas creencias revivieron el orgullo alemán y condujo a toda una sociedad en ese propósito, produciéndose la  mayor tragedia que ha vivido la humanidad: la segunda guerra mundial.

Para el fenecido político dominicano, José Francisco Peña Gómez, quien se refirió al caso alemán,  indicó: la superioridad de los seres humanos no radica en la raza ni en color de piel, sino en la capacidad de perdón, amor, ternura y protección que un ser humano es capaz de prodigarle a otros seres humanos”.

A pesar del aparente triunfo de la globalización, en   los últimos 10 años han resurgido movimientos, partidos y líderes  políticos nacionanalistas y ultranacionalista que  cuestionan a rajatabla la globalización, cuestionan el fenómeno de la globalización, tales como Marine Le Penn en Francia, Vox en España,  los catalanes, Donald Trump en Estados Unidos, etc.

Finalmente, a pesar de que con el proceso de la globalización las naciones han cedido una cuota  de su soberanía para insertarse en la economía mundial, no menos cierto es que el nacionalismo tiene un fuerte cuestionamiento, tiene una agenda muy bien definida a diferencia de otras ideologías y goza de una base social de apoyo impresionante.

La gran tarea será concertar la agenda global  con la agenda local, buscar la fórmula de que se aprecie lo local sin despreciar bajo ningún concepto lo local.

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