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República Dominicana ante la necesidad de un nuevo modelo económico de desarrollo

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

Uno de los temas más apasionantes y electrizantes en el mundo académico lo constituye  “el desarrollo”. Durante los años de formación que llevo como estudiante de Ciencias Políticas  en la Primada de América, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), tras cursar varias asignaturas de economía que corresponde a la malla curricular, he podido profundizar los grandes dilemas que tiene el mundo, pero sobre todo la República Dominicana: crecemos económicamente pero  el desarrollo es más lento.

Para entender este momento actual, hay que hacer un repaso de los distintos modelos  económicos que ha implementado el país.

Según los economistas, un modelo económico no es más que una representación simplificada de la relación entre distintas variables que explican cómo opera la economía o un fenómeno particular de ella. En  los últimos 90 años el país ha tenido tres modelos económicos: el modelo agroexportador, el de industrialización  por sustitución de importaciones  y el de servicios.

El modelo agroexportador consiste en la producción intensiva de productos agrícolas con fines de exportación. Este modelo no solo se aplicó en la Republica Dominicana,  sino que toda la región latinoamericana, desde finales del siglo XIX y el XX, este modelo ha sido hasta marginado en Europa tras tildar a los países del tercer mundo o en vía de desarrollo como “Repúblicas bananeras”.  En ese mismo orden, en el caso particular de nuestro país, los productos agrícolas  por excelencia para la exportación lo constituían el tabaco, café y azúcar, en la época donde más se aplicó a rajatabla fue en la dictadura de Trujillo, que bajo el concepto de “orden  y progreso”, impulsó de forma acelerada el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción y en consecuencia, se  asentaron con mayor profundidad las relaciones capitalistas, claro está, con un alto costo político,  porque se cercenó y coartaron  las libertades públicas, fue una página muy sangrienta en nuestra historia republicana.

El segundo modelo económico fue el de “industrialización por sustitución de importaciones”. Con éste, por primera vez, América  Latina partiendo de sus particularidades y realidades construyó su propia visión del desarrollo.  El máximo ideólogo y teórico fue el economista argentino Raúl Prebisch, quien en ese momento fungía  como secretario de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL). La industrialización por sustitución de importaciones  era un proyecto auténticamente latinoamericano que consistía en fortalecer la industria local,  un proceso de crecimiento hacia adentro para  insertase en la economía mundial sin tantas desigualdades en el comercio internacional.

Esta visión fue dominante en la región y la República Dominicana la llevó a cabo, sobre todo, en los  12 años de de Balaguer (1966-1978). En ese lapso de tiempo el líder reformista promulgó la ley 299 sobre incentivo y protección industrial,  se creó la Zona Industrial de Herrera, que dio paso a un nuevo sector industrial en el país.

Por otro lado, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, tras arribar a un acuerdo Stand Bay con el  Fondo Monetario Internacional (FMI)  para aplicar las políticas de ajuste estructural, hecho que no solo se materializó en la República Dominicana sino en toda la región, esto generó descontento social y huelgas. Esta nueva realidad que vivía la nación aceleró considerablemente las zonas  francas y el turismo.

Tras el ascenso del PLD al poder en 1996 se   impulsó a gran escala toda una infraestructura de las Zonas Francas, el  turismo,  a partir de ahí el país se insertó      en la economía mundial como nunca antes, además se consolidó el modelo de servicios hasta la fecha.

El actual modelo económico ha tenido sus luces, la economía ha tenido una tasa de crecimiento anual de un 5.3% por encima de la región,  pero a pesar de ese hecho tan significativo tiene grandes desafíos entre los que podemos mencionar el crecimiento que ha tenido el actual modelo, ese crecimiento sin rostro humano, por lo que se percibe que la riqueza se diluye, se queda en pocas manos, que el crecimiento no impacta ni toca la piel de los más humildes de  la patria, quienes verdaderamente crean la riqueza.

En un contexto de una cuarta revolución industrial, el país no puede quedarse atrás, debe incentivar con más ahínco la industria del  software a través del Instituto Tecnológico de las América (ITLA), de modo que daríamos  paso a una industria con alta intensidad tecnológica, a diferencia de las zonas francas que es de baja intensidad tecnológica, y paga salarios “cebollas”, que la inflación los absorbe en un abrir y cerrar de ojo.

Es verdad que el desarrollo   no  se da de la noche a la  mañana, el  desarrollo no se decreta o como diría el economista dominicano Antonio Ciriaco, “la acción humana es el motor del desarrollo” y depende además de la calidad del liderazgo.

Finalmente, si de algo estoy seguro es de que este modelo económico, a pesar de las luces que puedan mostrarse, es excluyente, hay que apostar a un modelo que sea incluyente, que potencie el talento humano, que es el recurso más valioso que tenemos, es hora de repensar el país, pero para bien.

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