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La República Dominicana y un Nuevo Contrato Social

Por: Sabala  Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

Las grandes crisis que ha vivido la humanidad en los órdenes económico, político, social y cultural han tenido como consecuencia que actores y sectores que representan diversos intereses que parecían irreconciliables se sienten en la mesa del diálogo y la negociación para pensar más allá de una coyuntura el destino de millones de conciudadanos y materializar un acuerdo o contrato social.

El concepto de  “contrato social”  originalmente  pertenece al filósofo y pensador francés Juan Jacobo Rousseau, quien a mediados del siglo XVIII escribió una obra con ese mismo título, considerado por sus ideas como precursor de la Revolución Francesa y de la Declaración del Hombre y del Ciudadano, que versaba de la libertad y la igualdad de las personas. La concepción de Rousseau sobre el contrato social es que éste era una especie de acuerdo o contrato   entre los miembros de los diferentes grupos de la sociedad, de modo que la totalidad de los individuos se sintiera por lo menos mínimamente representada. Este contrato estipulaba desde derechos hasta los deberes de los miembros de la comunidad. Esas prerrogativas o atribuciones  del contrato social no eran  inalterables, esto es que iban  a evolucionar en función de las circunstancias y transformaciones dinámicas de cada etapa de la historia y la correlación de fuerzas políticas y económicas de los estamentos societales.

Un hecho paradigmático y clásico de un contrato social fue el famoso “New Deal” o “nuevo trato” que impulsó el entonces presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt para hacer frente a la crisis económica de 1929. Estas medidas consistían en una serie de medidas económicas y sociales con el único y deliberado propósito de reactivar el consumo  y la inversión y reordenar el sistema financiero y productivo de Estados Unido. Estas ideas estaban inspiradas por el economista más grande del siglo XX: John Maynard Keynes. Este nuevo trato que instituyó el “estado de bienestar”  cohesionó a los Estados Unidos en un solo proyecto de país hasta que lograron salir de ella airosamente.

Aunque a nivel global existe un consenso de metas que deben lograr los Estados miembros de las Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no menos cierto es que los Estados priorizan en función de su realidad y recursos.

En el caso particular de la República Dominicana, donde se puede percibir un “ayuno de realizaciones”, no obstante, en los últimos diez años se han realizado esfuerzos considerables para que en conformidad con los Objetivos de Desarrollo Sostenible  el país marque una ruta de un acuerdo o contrato social. El ejemplo más preclaro fue la promulgación en el año 2010 de la Ley 1-12 Estrategia Nacional  de Desarrollo, considerada una ruta consensuada de cómo el país debería de estar para el año 2030. Este plan de desarrollo cuenta con 4 ejes estratégicos, el primer eje “un estado social y democrático de derecho”; el segundo eje “una sociedad con igualdad de derechos y oportunidades; tercer eje “una economía territorial y sectorialmente integrada, innovadora, diversificada, plural, orientada a la calidad y ambientalmente sostenible”  y cuarto  y último “una sociedad con cultura de producción y consumo sostenibles”.

Todos esos ejes estratégicos contempladas en esa ley, estipulan la  ruta crítica por la que debe encaminarse la nación. Sin embargo, no existe la voluntad política para materializarse. Es por ello que con una crisis tan severa como la que atraviesa el mundo y el país, de que de todos los sectores de la vida nacional pueda efectuarse sin más dilatoria un “nuevo contrato social”  este nuevo pacto debe propiciar la cohesión de la República Dominicana en puntos fundamentales como la inclusión social, mayor inversión de calidad en educación e investigación para fomentar y promover el conocimiento, políticas públicas, y el  sostenimiento del medio ambiente.

Finalmente debo indicar que  la República Dominicana debe repensar su porvenir, su futuro y su proyecto de nación de cara a las próximas generaciones. Es impostergable un nuevo contrato social que nos reencuentre a todos como familia.

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