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El distanciamiento y peregrinación

 en tiempo del COVI-19

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Les confieso que hago este artículo para mi columna, un tanto airado, incómodo hasta cierto punto con mi nación, una nación que tiene en su bandera un versículo bíblico y nos comportamos como si fuéramos salvajes en pleno siglo XXI. Pero es sabido por todos que América Latina es una de las regiones más creyentes en torno al evangelio de Cristo, sin embargo, también es una de las regiones con más idiosincrasia y creencias en la tergiversación de lo espiritual y lo divino.

El distanciamiento social es la única cura conocida hasta ahora  para disminuir los efectos de la pandemia. Todos los gobiernos en el globo terráqueo han declarado cuarentena y toque de queda en sus casas tratando de disminuir esta enfermedad. Pero, y aquí está el bendito pero, como dice el director de este periódico, Bienvenido Carmona, en nuestro país, las cosas son diferentes.

Las cosas son diferentes, porque quienes nos colonizaron, eran lo peor que había,  zarparía desde el Puerto de Palos del municipio de la Frontera, en la provincia de Huelva, en España, los naos estaban lleno de lo único que pudo encontrar el Genovés Cristóbal Colón en ese tiempo y de los cuales habían muchos piratas y ladrones, de eso hemos estado lleno desde que se colonizó la isla La Española.

Por eso y las mezclas culturales tenemos un pueblo soberbio, irrespetuoso y carente de conciencia.

Todo este preámbulo lo hago para entrar en el tema de mi artículo de hoy y del supuesto peregrino que salió de Santo Domingo y llegó a Puerto Plata con una cruz y vaticinó que esa provincia seria libre del COVI-19, una provincia que hasta el día de hoy que hago esta columna cuenta con 13 decesos por la enfermedad.

Mildonio Adames (un soberbio, irrespetuoso y carente de conciencia), nombre al que responde el peregrino, contra todo decreto presidencial y las exigencias hechas por el ministro de Salud de evitar aglomeración de personas, mítines y tumultos de personas en un sitio, siguió su camino ante la mirada indiferente de las autoridades, alcalde electo incluido, llegó hasta su destino, donde clavó la cruz en el Océano Atlántico, clamando a Dios y que ahí terminaría con el virus en esta provincia.

Debemos entender, que esta pandemia se cura haciendo lo contrario de lo que hizo Mildonio, evitando las aglomeraciones, tumultos de personas, mítines improvisados y por encima de esto quedándose en sus hogares, para evitar la propagación de los fómites o de vectores pasivos que de seguro había por miles de millones en metros cuadrados en esa peregrinación.

Todas las políticas públicas fallaron esta semana con la famosa peregrinación, con énfasis en las políticas públicas de salud y sanitaria. Espero en Dios que las cifras no suban por el contagio y que todos los que estuvieron en ese mitin improvisado hallan estado sanos y sin ningún contacto con alguien que estuviera la enfermedad.

Caramba, nuestra bandera tiene una cita bíblica que dice: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre”, del evangelio de Juan 8:31. Esa misma verdad se refiere a Cristo, Yeshúa, El Mesías, Dios hecho carne. Póngale todos los adjetivos calificativos que usted desee, pero hágale caso a lo que dice su Biblia y hágale más caso a la parte donde dice: “Mi pueblo pereció por falta de conocimiento”, que está en Oseas 4:6. Esta pandemia no se acaba con un supuesto peregrino que clave una cruz en el Océano Atlántico, esta enfermedad se acaba cuando entendamos que quedarnos en casa es la principal cura de la enfermedad.

Nos leemos en un próximo artículo, cuídese y deje de andar creyendo todo lo que lee y escuche por las redes sociales. Recuerde #QuedeseenCasa #AyudanosaAyudarte. 

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