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¿Ha mejorado la economía del comportamiento

nuestras decisiones durante la pandemia?

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Sabemos que, durante los últimos meses, la mayoría de los países de América Latina y el Caribe han intentado aplanar la curva de contagios gracias a severas restricciones a la movilidad.

El Mapa de Movilidad de las Personas para América Latina y el Caribe revela que las restricciones han funcionado en algunos países y los ciudadanos están limitando sus desplazamientos.

Por ejemplo, Argentina mostró una caída de casi 54% en el número de personas que recorren más de un kilómetro diariamente. En muchos casos, las restricciones fueron acompañadas de fuerte control policial y penalidades severas.

En nuestro país, la movilidad medida entre el 02 de marzo al 30 de abril en el Distrito Nacional, bajó un 52%. En el Gran Santo Domingo, en el mismo período, bajó un 49%, en Santiago un 50%, en Samaná un 29%, en San José de Ocoa un 29%, y así sucesivamente, la movilidad fue bajando a lo largo del país.

Las caídas en movilidad están empezando de a poco a revertirse. Por ejemplo, en el distrito metropolitano de Santiago de Chile la movilidad ha subido unos 10 puntos porcentuales. Lo mismo ha ocurrido en Cundinamarca (Colombia) y en Lima (Perú).

Estos cambios no significan que el virus haya desaparecido, sino más bien que las restricciones se están reduciendo para permitir que la economía empiece a funcionar nuevamente, y al cansancio del confinamiento de la población. De hecho, el número de nuevos casos confirmados en Argentina se mantiene estable desde hace semanas y existe una leve tendencia creciente en los casos de Colombia y Perú. Por ello, y dada las tasas de contagio constantes o crecientes y una mayor movilidad, es aún más importante reforzar el distanciamiento social y las medidas de precaución para no contagiarse, pero en nuestro país, los casos ya pasan los 13 mil infectados y los fallecidos sobrepasan los 445, y extendieron  el confinamiento por 15 días más. No es solo 15 días más, sino más bien, es ver qué hemos estado haciendo en ese confinamiento y tratar de bajar la curva de infectados/fallecidos/descartados de enfermedad.

Un dato actualizado al día 12/05/2020 de la Universidad Johns Hopkins, confirma que ya sobrepasamos los 10,900 casos de infectados. Lamentablemente, como estudia la economía del comportamiento, los seres humanos a menudo no actuamos en nuestro interés propio.

Existen cientos de sesgos de comportamiento que guían nuestras decisiones diarias. Muchos de ellos se acentúan en condiciones de estrés, cansancio e incertidumbre. Sin lugar a duda, nuestros sesgos están afectando las decisiones que tomamos durante esta pandemia, tanto durante el aislamiento como durante la reactivación de la economía. Es decir, el sesgo del status quo dificulta que las personas modifiquen sus hábitos de lavarse las manos.

Los sesgos de exceso de optimismo y de disponibilidad moderan el cálculo de los jóvenes sobre sus probabilidades de enfermarse y fallecer. La sobrecarga cognitiva y la subsiguiente fatiga de decisión en los padres que intentan balancear responsabilidades laborales, familiares y de ocio, pueden llevarlos a olvidar cosas tan simples como lavarse las manos o desinfectar las llaves de la casa. En un contexto en el cual la curva de contagios se aplanó con restricciones, el levantamiento de las medidas más severas puede generar una falsa sensación de seguridad que agudice algunos de estos sesgos y disminuya el cuidado de la gente.

La buena noticia es que estos errores son sistemáticos y pueden corregirse con simples intervenciones que reorienten nuestras decisiones en la dirección deseada. Dado que el aislamiento obligatorio se está relajando paulatinamente en muchos países de nuestra región, el reto actual es mantener los hábitos de higiene en lugares públicos y la distancia física en fábricas, estadios, restaurantes, transporte público, etc. Así, se puede mantener la curva de contagio por debajo de los niveles que harían colapsar los sistemas de salud.

Para ayudar a los gobiernos en ese esfuerzo, recientemente publicamos una guía práctica, la economía del comportamiento puede ayudar a combatir el coronavirus, con recomendaciones sobre cómo diagnosticar y diseñar comunicaciones e intervenciones para combatir los sesgos de comportamiento de los ciudadanos. A continuación, les dejo algunos de los ejemplos.

1.     Para promover la distancia física, recomendamos anclar la percepción de distancia a puntos de referencia que todos tenemos. Dos metros puede ser una distancia abstracta, pero todos nos podemos imaginar las dimensiones de una cama.

2.     Para promover el lavado de manos, puede ser útil fijar recordatorios –por ejemplo, en la entrada de la vivienda– para tenerlo presente en los momentos oportunos.

3.     Para incentivar el uso de tapabocas, hay que convertirlo en norma social. Así, se pueden usar conceptos como la persuasión moral, la reciprocidad y la identidad social.

4.     Estos tres son solo algunos de los elementos inspirados en la economía del comportamiento que puede acompañarse de prácticas.

5.     Les recuerdo que estamos todos juntos en esta lucha contra la pandemia, y sólo a partir de una concientización conjunta podremos superarla. Las herramientas de la economía del comportamiento pueden ayudar a disminuir los sesgos y combatir el coronavirus.

Nos leemos en otro artículo.

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