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HABLANDO CON EL SOBERANO

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Saliendo del confinamiento,

sin prisa, con calma

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

La pandemia ocasionada por el COVID-19 presenta cifras alarmantes. Hasta el 5 de mayo de 2020, se contabilizaron más de tres millones y medio de casos confirmados en todo el mun­do y casi 254.000 muertes. Aunque los primeros casos confirmados en América Latina y el Caribe fueron identificados recién a fines de febrero, su tasa de crecimiento ha sido exponen­cial: hasta el 5 de mayo, los países de la región reportaron 269,188 casos confirmados (una cifra catorce veces superior a la registrada al inicio de abril) y 14,967 fallecimientos, lo que representa una tasa del 2,39% por cada 100.000 habitantes.

Ante la imparable propagación del virus, la mayoría de los países de la región impusieron medi­das de confinamiento, pero hay mucha heterogeneidad en cuanto a los plazos y a la natu­raleza de dichas medidas. Algunos países, como México, Jamaica, Uruguay y Belice, no in­trodujeron medidas obligatorias, sino solo recomendaciones de cumplimiento voluntario. Otros países, como Chile, República Dominicana, Brasil y Guatemala, han decidido realizar aislamientos localizados o ceder a las autoridades locales—ya sean municipales o estata­les— las decisiones sobre el confinamiento.

Las medidas de confinamiento han resultado efectivas a la hora de reducir la movilidad de las personas, tal y como resalté en el articulo anterior a este.

Sin embargo, en América Latina y el Caribe, el ciclo de la enfermedad comenzó varias semanas después que en Europa y en Estados Unidos. En los países desarrollados, los primeros casos fueron confirmados en enero (el 20 en EE.UU., el 22 en Francia y el 31 en Italia). En la región, el primer caso confirmado, en Brasil, corresponde al 26 de febrero, en nuestro país, sucedió el 1 de marzo.

En parte por este motivo y porque las medidas de distanciamiento social se iniciaron mucho más temprano en relación con la aparición de los primeros casos, el número de muertes per cápita por día en los países de América Latina y el Caribe tiene un orden de magnitud menor que en el caso de los países europeos.

Sin embargo, al 5 de mayo, en varios países de la región, el número de muertes per cápita continúa en aumento. Y, aun en aquellos países en los que los nú­meros de nuevos casos y de fallecimientos empiezan a declinar, la transmisión comunitaria en ciudades y regiones particulares continúa causando un considerable número de muertes y altos niveles de estrés.

Al mismo tiempo que reduce la movilidad y la propagación de la enfermedad, el confina­miento y sus efectos sobre las economías del mundo ya se sienten de manera intensa. En Estados Unidos, más de 30 millones de personas han perdido su empleo en apenas seis se­manas, una cifra que no se ve desde la Gran Depresión.

Según el informe Panorama econó­mico mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento a nivel global se verá gravemente afectado, pasando de una cifra de 2% en 2019 a un -3% en 2020, con un prome­dio de un -6 % en las economías de alto ingreso y -5% para el conjunto de América Latina y el Caribe.

Asimismo, según las estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el COVID-19 puede generar una pérdida de hasta 17 millones de empleos formales en la región, dependiendo de la evolución de la pandemia y de las medidas de mitigación adoptadas. Por ello, a medida que el número de muertes por COVID-19 empieza a disminuir, gana relevan­cia en todo el mundo la pregunta de ¿Cuándo y cómo relajar las medidas de confinamiento y distanciamiento social?

Estas decisiones tan fundamentales, además, se deberán tomar en un contexto de gran incertidumbre. Por el lado de la enfermedad, se sabe que es muy contagiosa y que es mucho más grave para los adultos mayores. Pero no se conoce exactamente cuál es el número de infectados ni la tasa de mortalidad. Se supone, pero no se sabe a ciencia cier­ta, que los infectados adquieren inmunidad a la enfermedad y no se ha confirmado si esta es permanente o transitoria. No hay una idea precisa del grado de inmunidad comunitaria que ya se ha desarrollado en los distintos países. La escasez de pruebas diagnósticas y de pruebas serológicas confiables implica que, en los temas epidemiológicos, los Gobiernos estarán volando casi sin instrumentos.

En cuanto a la reapertura, no se sabe en qué medida esta dará lugar a una recuperación rápida del empleo o del producto interno bruto (PIB). Tampoco se puede predecir cuál será el comportamiento de la población en la reapertura.

Ojo con esto, una cosa es la decisión de abrir los res­taurantes o los cines y otra es que las personas vayan. Al no conocer el grado de inmunidad comunitaria, no se puede tener una idea clara de cuánto aumentarán los contagios cuando se relajen las restricciones.

Todos estos son temas cruciales que solo se descubrirán a me­dida que avancen los procesos de reapertura. La clave será montar sistemas de información que les permitan a los países aprender lo más rápido posible, de otros países de la región y del mundo, y asegurar que estos aprendizajes se incorporen rápidamente a los procesos de decisión sobre políticas públicas respecto de qué partes de la economía abrir, cuándo abrirlas y cuándo es necesario dar un paso atrás.

La estructura demográfica de América Latina y el Caribe reduce el costo de suspender la cuarentena por el riesgo de pérdida de vidas en comparación con los países más desarrolla­dos, ya que, aunque hay incertidumbre acerca de las tasas de mortalidad de la COVID-19, no hay duda de que afecta más a los adultos mayores. Datos como los reportados por Ferguson et al. (2020), basados en China, confirman que estas personas tienen una mayor probabili­dad de exhibir síntomas graves, de requerir tratamiento en unidades de cuidados intensivos y, finalmente, de muerte. De acuerdo con estos datos, la mortalidad entre los infectados de entre 70 y 79 años es treinta veces mayor que la que corresponde a infectados de entre 40 y 49 años, que, a su vez, es casi treinta veces mayor que la de niños y jóvenes de entre 10 y 19 años. Las diferencias en los requerimientos de camas de cuidados intensivos son también muy significativas.

Estamos en un proceso de reapertura de nuestras vidas, hagámoslo con mucho cuidado, protégete y no seas parte de las estadísticas que como hemos visto van en aumento.

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