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El costo de la educación, post pandemia

Por Max Montilla
montillamax@gmail.com

La inversión en el sector salud en estos tiempos son lo urgente e
importante, sin embargo, me surge la pregunta que le da apertura a
este artículo ¿Y la relacionada con Educación? También es urgente e
importante a mediano plazo.

Que los reflectores no estén encima de este importante renglón, no
nos puede desenfocar de este tema, pues la baja inversión, no se
sentirán ahora, pero sus consecuencias se verán en unos años y el
impacto será en la calidad de vida de nuestros hijos e hijas.

Por eso es tan importante la decisión de los gobiernos y las
sociedades en cuanto a encarar con urgencia estas dos líneas de
acción: a) la participación y el acompañamiento de la sociedad civil
para la instalación del tema en la agenda pública (advocacy) y b) el
análisis y búsqueda de mayores recursos y una mejor asignación de la
inversión en educación.

Hace unas cuantas semanas vi un encuentro a modo virtual, sobre “la
calidad de la educación dominicana, desafíos, propuestas y
reflexiones” propuesto por Iniciativa Dominicana por la Educación de
Calidad (IDEC). Donde se abordaban diferentes temas sobre cómo
devolverle la calidad a la educación y las propuestas de los “sabios y
expertos” de educación de los partidos políticos, quedando a deber
sobre este importante tema, de los cuatro panelistas, dos de ellos no
presentaron propuestas de cómo hacer las inversiones post-pandemia.

Como siempre, el partido de gobierno resaltaba con loas, la “inversión”
de “más escuelas” hecha por el mandatario actual y la oposición, se
basó todo el tiempo en atacar al gobierno, de los dos restantes, solo
uno hizo algunas propuestas pero aéreas, no señaló el financiamiento
de donde saldrían los recursos para esto.

Siguiendo con nuestro tema, las cuestiones pedagógicas y
emocionales fueron las más absorbentes en estos meses:
básicamente, cómo continuar con algo parecido a la enseñanza y las
experiencias escolares. Pasadas unas semanas, ya pueden
apreciarse los distintos factores emergentes que fueron apareciendo y
que seguramente presionarán sobre los sistemas educativos, su
financiamiento. En otras palabras, el impacto en nuestro futuro como
sociedad.

Investigando, encontré una lista de los factores que demandarán
atención del presupuesto público o que repercutirán en el
financiamiento del sector, hecho por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), en el área de educación:

1. La educación privada. El achicamiento de este sector por
empobrecimiento de las familias y cierre de sus escuelas
derivará en una demanda significativa e inesperada de vacantes
en los establecimientos públicos. A priori, no parece que habrá
espacio para recibir esa nueva matrícula o, al menos, no en su
totalidad. Las universidades privadas también enfrentarán
problemas similares, por moras en los pagos o por emigración
de sus alumnos.

2. La formación docente. En épocas de crisis, por su potencial
como empleo estable, muchos jóvenes vieron a la docencia
como un refugio seguro frente a la incertidumbre. Si esto se
repitiera en las actuales circunstancias, habrá presión sobre el
sistema formador. En paralelo, las restricciones presupuestarias
seguramente impedirán nuevas incorporaciones.

3. Políticas socioeducativas. Entre otros, comprenden un amplio
rango que incluye becas, alimentación escolar, útiles, y libros de
texto. Si el tema de la equidad era perentorio antes de la crisis,
con el aumento de la pobreza y el desempleo se ha vuelto más
crítico que nunca.

4. El gasto en educación que las familias hacen por su propia
cuenta también disminuirá. Si la oferta estatal no se expandiese
al ritmo del pase de alumnos del circuito privado al estatal, este
rubro contribuirá a la inevitable caída global del financiamiento
del sector.
5. Cuestiones sanitarias y de infraestructura. En el corto plazo,
habrá que preparar las escuelas para el regreso; en el mediano y
largo, las principales tareas pendientes serán la readecuación de
los espacios y la ampliación de la red escolar disponible.

6. Tecnología y recursos digitales. La crisis puso en evidencia la
carencia de dispositivos y acceso a internet, principalmente, por
parte de los hogares de menores recursos. Este déficit fue uno
de los más mencionados en redes sociales y medios de
comunicación.

7. Incremento de las maestrías y doctorados locales. En la medida
que la circulación entre países siga restringida y continúe la
caída en los ingresos familiares (y las becas), habrá demanda
por esta oferta educativa de factura local. En materia de estudios
de posgrados, la alternativa previsible es una suerte de “vivir con
lo nuestro”.

8. Salarios docentes. Esta es la más política de las presiones que
se avecinan sobre los presupuestos. La coyuntura de cada caso
guiará el resultado final, dado que parecen estar equilibradas las
fuerzas que presionan a mantenerlos estables y las que podrían
incidir en su aumento.

9. Impacto general. En 2008, durante la crisis económica, la
inversión educativa en la región fue contra cíclica o, en el peor
de los casos, solo sufrió una leve disminución. Pero, mientras el
disparador de esa crisis fue puramente económico, el detonante
de la actual ha sido sanitario, con mayores consecuencias
sociales que harán competir a los distintos sectores por los ya
mermados recursos públicos.

Sin embargo, habrá una mayor brecha en la inversión educativa entre
países. Según cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo, la
diferencia entre quienes más invierten en educación de los sistemas
educativos más desarrollados y quienes menos destinan al sector en
el nivel primario en América Latina es de 17 veces.

Puede esperarse que la distancia aumente, ya que las economías que
más asignan a educación podrán mantener ese nivel mientras que los
demás seguirán la suerte del impacto económico y fiscal.

En el largo plazo esto implicará una eventual pérdida de
competitividad de unos países respecto a otros.

En relación a los dos literales que abordamos en el tercer párrafo, toda
insistencia sobre los costos de no educar será poca. La consecuencia
de la inacción o la inercia no será el status quo, sino una mayor
exclusión y deterioro del tejido social y productivo.
En cuanto al análisis y búsqueda de mayores recursos y una mejor
asignación de la inversión en educación. La decisión política es
crucial, debe ser imperativo buscar maneras de aumentar el
financiamiento educativo. No es la primera vez que nuestros países
experimentan recesiones consideradas terminales a la que siguen
períodos de crecimiento económico. A través de medidas adecuadas,
es posible que sus sistemas educativos puedan “apropiarse” de una
parte de los crecientes recursos fiscales que eventualmente se
manifiesten.

Es fundamental que el tema de la inversión educativa se instale en la
agenda y se discuta o se debata, como esta en boga ese tema. Si no
lo hacemos, el destino de la educación, sin (mayores) recursos,
dependerá de lo que puedan hacer las escuelas, sus docentes y sus
alumnos por sí solos. En un contexto de desigualdades gigantes como
el que tenemos en América Latina y el Caribe, esto podría
comprometer el futuro de gran parte de los niños, niñas y jóvenes de la
región.

Nos leemos en un próximo artículo.

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