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La popularidad de los Presidentes

frente a la pandemia

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Como si fuese una tormenta, los mandatarios han estado en el medio de una catástrofe. Sin embargo, los Presidentes latinoamericanos se encuentran ante el desafío de conseguir un equilibrio entre las cuarentenas largas, los encierros de sus diferentes países y el aire a la actividad económica sin que por ello colapsen sus sistemas sanitarios.

Ya hemos visto transcurrir más de cuatro meses desde el comienzo de la pandemia. Las democracias de Occidente atraviesan distintas etapas. Por ejemplo, en el viejo continente el (primer) pico de contagios y muertes aminoró pero no ha pasado, las naciones comenzaron la desescalada y el ingreso a la nueva normalidad. El Continente Americano, por su parte, es hoy el epicentro del Covid-19 y su horizonte de salida es incierto. Si la crisis sanitaria es desigual, la crisis económica es bastante homogénea.

Cada día los mandatarios deben hacerles frente al cierre de negocios, caídas estrepitosas de bolsas de valores, disminución de sus productos agrícolas entre muchos otros problemas que a diario nos agobian como mundo.

Frente a todas estas incertidumbres, y los enormes desafíos, ¿cómo evoluciona la popularidad de los líderes políticos?

Los datos estadísticos de este artículo fueron tomados de la revista “Dialogo Político” que normalmente publica la Konrad Adenauer Stiftung.

En la etapa inicial de la crisis (en abril), cuando la amenaza del virus produjo una fuerte conmoción en la opinión pública, tres mandatarios alcanzaron una imagen promedio superior a los 70 puntos porcentuales (los líderes de Argentina, Perú y Portugal). Hoy ningún líder sobrepasa ese umbral. La imagen promedio de abril de todos los presidentes fue 52,1%; la de junio, 45,1%. Pero, para el mes de junio, los líderes registraron niveles de aprobación promedio similares a los que tenían antes de la pandemia. En términos de popularidad, lo que la pandemia dio, la pandemia lo quitó.

Con la excepción de Lacalle Pou en Uruguay, todos los presidentes vieron caer en junio sus niveles promedio de apoyo en relación al mes anterior. En un grupo específico de países, la crisis del Covid-19 deja heridas en el liderazgo presidencial. La popularidad presidencial promedio de junio cayó, en comparación a marzo, en Brasil, Ecuador, Estados Unidos, España, Reino Unido y México.

Para la mayoría de los líderes, es un regreso a la situación pre-pandemia: poco les queda del capital acumulado por la crisis sanitaria. Es un volver a empezar. Con un agravante: para Latinoamérica, lo peor en términos de salud no pasó. Y en todos los casos, lo peor en términos de economía está por venir.

La mejor posición económica desde la que partieron los países del Norte les permitió volcar mayores recursos en la sociedad para hacer frente a la pandemia. La respuesta europea al Covid-19 fue mantener altos estímulos fiscales y económicos con olas sucesivas de aislamiento y apertura. No solo cuentan con sistemas de salud reforzados, sino también con arcas públicas de mayor tamaño.

Pero ojo, ninguna de las herramientas descritas en el párrafo anterior la encontramos en Latinoamérica. La estrategia predominante en América Latina ha sido la implementación de medidas de cuarentena o aislamiento social más largas que la media de los países desarrollados.

Sin embargo, es sabido por todos, que lo que funciona en otro lugar, no necesariamente deba funcionar igual en otro escenario y es por eso que lo más adecuado para comprender el grado de éxito de los gobiernos es atender las particularidades de cada país y analizar la secuencia de decisiones antes que mirar sus resultados. No existe un “manual de buenas prácticas” frente a la pandemia, como en muchos países que aplicaron medidas de alta contención social y sanitaria que tuvieron una respuesta poco eficaz (Italia o Perú) y naciones con índices medios de contención y estímulo fiscal que registraron una mayor efectividad (Alemania o Uruguay).

Además, en América la necesidad económica pesa más que en Europa. Y todo esto lo harán con un menor respaldo público promedio. El clima de unidad que dominó en la mayoría de los países ante la irrupción de la crisis sanitaria comienza a resquebrajarse. La política entra a la “nueva normalidad”.

Nos leemos en otro artículo.

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