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HABLANDO CON EL SOBERANO

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Viviendo en una sociedad del consumo

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Nueva vez, debo citar el libro “El hombre light”, del autor secular Enrique Rojas, para introducción a lo que quiero escribir en este artículo y debo de evocar otra vez- el hedonismo y la permisividad- ambas enhebradas por el materialismo. Esto hace que las aspiraciones más profundas del hombre vayan siendo gradualmente materiales. El hedonismo significa que la ley máxima de comportamiento es el placer por encima de todo, cueste lo que cueste, así como ir alcanzando progresivamente cotas más altas de bienestar.

Además, su código o punto de entrada es la permisividad, la búsqueda ávida del placer y el refinamiento, sin ningún otro planteamiento. Claro está, del hedonismo surge un vector que pide paso con fuerza: el consumismo. Todo puede escogerse a placer; comprar, gastar y poseer se vive como una nueva experiencia de libertad. El ideal de consumo de la sociedad capitalista no tiene otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de objetos por otros cada vez mejores.

El hedonismo y la permisividad nos lleva a vivir en una «sociedad de consumo», es decir, orientada a consumir cada vez más cosas. De hecho, la medición de calidad de vida con frecuencia se asocia a los niveles de consumo de bienes y servicios que un país demanda, como un indicador de la sociedad de consumo en la que vivimos. Por ejemplo, vemos que los niveles de deuda en los Estados Unidos nos muestran, en una determinada economía, cuánto se consume por encima del nivel de ingreso. Cuando una persona o un país consume más de lo que le ingresa, se endeuda para cubrir la diferencia. En palabras llanas, la deuda no es más que la forma de cubrir un déficit.

En el año 2019, la deuda de los consumidores privados fue de unos USD 13,9 trillones. Por otro lado, la deuda pública, o sea, del gobierno, fue de USD 23,4 trillones a principios del 2020. Si sumamos ambas deudas, tenemos que la deuda total del pueblo norteamericano asciende a USD 37,3 trillones, lo que equivale a un 180% de su producto interno bruto del 2019. Es decir que ellos deben casi el doble de todo lo que produjo su economía en el 2019. Si sacamos la deuda promedio de cada ciudadano estadounidense, ¡llegamos a que cada uno «debe» unos USD 113.522 al nacer!

Para los dominicanos, la deuda pública según el portal de la Dirección General de Crédito Público, andamos por RD$39,151.9 millones de pesos hasta el 20 de julio de este año. Para el 2020 el Gobierno dominicano estima que pagará US$2,508.7 millones en servicio de la deuda externa, de los cuales el 55.3%, equivalente a US$1,387.9 millones se destinarán al pago de intereses.

En tanto, se proyecta que US$1,105 millones, equivalente al 44% del total del servicio de la deuda externa para este año, se destinen para amortización y US$15.8 millones se paguen en comisiones.

Para el servicio de la deuda interna del Gobierno central, Crédito Público proyectó que para este año se pagarán RD$133,566.7 millones, de los cuales RD$89,037.6 millones se dedicarán al pago de intereses.

Aunque esto parece escandalizar a muy pocos, y vivimos en el día a día y con el sentimiento de que “mañana estaremos mejor”, lo cierto es que estos niveles de deuda representan un gran peso para la economía de cualquier país y sobre todo para las generaciones futuras. Esta realidad es algo menos dramática para el resto del mundo, pero, en general, los niveles de endeudamiento de la mayoría de los países han ido en aumento en las últimas dos décadas. La razón básica es que vivimos en una “sociedad de consumo”.

Endeudarse hoy es comprometer los ingresos futuros. Es un intercambio de ingreso futuro por consumo presente. Esto es lo que se conoce como financiamiento, y es arriesgado porque nosotros no controlamos el futuro y ni siquiera el presente, como a veces suponemos. ¿De dónde viene, entonces, esta cultura imperante de déficit? ¿Por qué hoy la gente se siente cómoda debiendo dinero y, con frecuencia, en grandes cantidades? Es común ver a gente «tranquila» a pesar de que debe prácticamente todo lo que tiene. Debe la vivienda, los autos, el mobiliario, las vacaciones y, en ocasiones, hasta el año escolar de los hijos. Para muchos es natural vivir de esta manera. ¿Cuál es la raíz de esta actitud?

Con esta idea de ¿Cuál es la raíz de esta actitud de endeudarnos? Nos quedamos para iniciar nuestro próximo artículo, espero que nos podamos leer en otro “Hablando con El Soberano”.

 

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