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Viviendo en una sociedad del consumo II

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

El artículo anterior lo terminamos con una pregunta que nos hará repensar hacia dónde vamos. Claro está, en este artículo saldrán a flote mis conceptos cristianos para poder hacerme una idea del porqué estamos donde estamos.

Soy de la opinión de que la cultura de déficit o deuda que predomina en nuestros días se genera a partir de la idea materialista y avariciosa sobre la que Jesús advirtió, cuando dijo: “su vida no consiste en sus bienes” (Lc 12:15). Cuando una persona cree lo contrario, hará lo que sea para conseguir aquellos bienes que supone van a darle plenitud, valor, disfrute y vida.

Desde la perspectiva del hedonismo materialista, “más es mejor”. Idea más perdida que esta aseveración no puede existir. Adonde nos lleva esta idea: cuando la gente cree que “más es mejor”, se siente descontenta con su situación actual, sea cual sea.

La mayoría cree que ese descontento será resuelto al adquirir cosas, aunque para adquirir algo haga falta endeudarse, no se duda en hacerlo. En este contexto, hay dos realidades que agravan la situación descrita.

Por un lado, el negocio de la banca presenta la deuda como algo bueno. Los bancos suelen referirse al financiamiento con apodos atractivos, como “facilidad financiera” u “oportunidad de crédito”. El problema radica en que, cuando el endeudamiento se entiende de forma ligera y frívola, se puede caer en un uso excesivo de estas “facilidades”. Es tan fácil adquirir un préstamo, sin embargo, las disciplinas financieras son con frecuencia ignoradas.

Por otro lado, la publicidad atiza el deseo por cosas materiales y exacerba el descontento imperante. Desde muy temprano en la vida, nuestra generación ha sido expuesta al “bombardeo publicitario”. Son miles y miles los mensajes que una persona ha recibido sin siquiera haber llegado a la adolescencia.

Con acciones publicitaria de vendernos lo que no necesitamos en ese momento es así como se forman individuos que son materialistas, insatisfechos, propensos a endeudarse con facilidad y llenos de deseos cultivados por años de exposición a publicidades.

Pero en un hogar sano, estas cosas no terminan definiendo a nuestros hijos, pero es muy difícil resistirlas. Tristemente, hoy en día, en muchos hogares los padres están ausentes-presente, sea física o emocionalmente, porque el mercado y la sociedad nos ha impuesto que mientras más trabajos tengas, más dinero tendrás para suplir las necesidades familiares.

Les confieso, que una vez pensé buscarme dos trabajos más de los que tenía, pero de seguro iba a sacrificar mi hogar y la relación con mis hijas, casi todas adultas y adolescentes.

¿Qué me quedaba ante dicha ausencia? Me iba a sentir culpable y optaría por lo más fácil, que es: “compensar mi descuido con cosas materiales y se convierten así en parte del problema.

¿Cómo pude y aun puedo combatir el materialismo y el descontento que genera déficit y finalmente deuda? Me refugié en la Biblia, en las enseñanzas del apóstol Pablo y me mostró el secreto de esto en su carta a los Filipenses: “Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo. En verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4:10-13).

Tal y como dije anteriormente, salieron a flote mis dotes de maestro, tanto secular como cristiano, espero haberles ayudado con esta catarsis de estos dos escritos acerca de lo que estamos viviendo en una sociedad de consumo.

Nos leemos en un próximo artículo

 

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