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La economía “Rosquilla”

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

El libro llama la atención desde su título. Te cautiva de inmediato, es de Kate Raworth, profesora visitante de la Universidad de Oxford e investigadora retirada de Oxfam, es llamado por los críticos como “refrescante y necesario”.

La autora hace una referencia incitándonos a descubrir lo que ella llama: ¿Cómo la economía perdió de vista su objetivo?

En la antigua Grecia, cuando Jenofonte acuñó el término economía, describió la práctica de la administración del hogar como un arte. Siguiendo su criterio, Aristóteles diferenció la economía de la crematística, el arte de adquirir riqueza; una distinción que hoy parece haberse perdido casi por completo. Puede que la idea de definir la economía, y aun la crematística, como un arte satisficiera a Jenofonte, Aristóteles y sus coetáneos, pero dos mil años después, cuando Isaac Newton descubrió las leyes del movimiento, el atractivo del estatus científico se hizo mucho mayor. Quizá fuera por eso por lo que en 1767 —solo cuarenta años después de la muerte de Newton—cuando el abogado escocés James Steuart planteó por primera vez el concepto de «economía política», ya no definió esta como un arte, sino como «la ciencia de la política interior

en las naciones libres». Pero el hecho de definirla como ciencia no le impidió explicar con detalle su propósito: El objeto principal de esta ciencia es garantizar un cierto fondo de subsistencia para todos los habitantes, evitar cualquier circunstancia que pueda hacerlo precario; proporcionar todo lo necesario para satisfacer las necesidades de la sociedad; y dar empleo a sus habitantes (suponiendo que sean hombres libres) de manera que se creen de forma natural relaciones recíprocas y dependencias entre ellos, a fin de hacer que sus diversos intereses les lleven a satisfacer mutuamente sus necesidades recíprocas.

Una fortaleza del libro de Raworth es sin duda su soporte bibliográfico, en tanto logra armonizar un sinnúmero de textos

clásicos y más contemporáneos, tanto ortodoxos como heterodoxos, en una historia coherente, creativa y constructiva

sobre los grandes retos sociales y ambientales del siglo XXI.

 El uso de la historia para exponer sus argumentos le permite también elaborar críticas en contexto y poner así en evidencia la necesidad de reinterpretar ideas dadas por hecho en el pasado. Un ejemplo de ello es la referencia al debate del origen de la medición del crecimiento económico de un país. Relata Raworth que en los años 1930 Simon Kuznets fue encomendado por el Congreso de los Estados Unidos para computar el valor de la economía nacional. La demanda de recursos financieros del momento, representada en el “NewDeal” y la amenaza apremiante de una nueva guerra mundial, llevó a que dicha métrica fuese relevante y colindara incluso con asuntos de seguridad nacional.

En el corazón de la crítica de Raworth, y de donde, según cuenta la autora, surge la idea de dibujar una visión alternativa de la economía (ver siguiente sección), reside el modelo del flujo circular de Paul Samuelson. El referente es relevante, en tanto se trata de una imagen incluida en el libro de introducción a la Economía más vendido en la historia.

Mientras el lector va leyendo el libro, puede ir sumergiéndose y entendiendo el problema de aquella visión mecanicista del mundo, en la que las preferencias humanas y los sistemas de precios son el único prerrequisito para maximizar el beneficio de todos en la sociedad, no reside solo en sus supuestos (ej. el reducir al comportamiento humano al de una máquina maximizadora) sino, sobre todo, en el riesgo que implica ignorar que las capacidades del planeta no dan abasto para satisfacer las líneas de producción que garanticen un equilibrio general de mercado.

A pesar de ello, indica Raworth, muchos estudiantesde economía siguen aprendiendo a ser como el hombre racional, aquel que vive aislado de los demás, con dinero en sus manos, con una calculadora en la cabeza y unas preferencias fijas que le indican que el único límite a su consumo es su presupuesto individual. No deja de ser interesante que Rober Boyer en 2015, padre de la Teoría de la Regulación, también haga referencia al legado de Samuelson,señalando que al menos en Francia de mitad de siglo XX, sus postulados neoclásicos fuesen completamente irrelevantespara explicar el balance entre crecimiento económico y distribución del ingreso que logró consolidar el país en esos años.

Creo que le he adelantado demasiado del libro, seria bueno que dentro de las posibilidades pudieran comprarlo y aprender más sobre la “economía rosquilla”.

 

Nos leemos en un próximo artículo.

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