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Los Ungidos de Jehová

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

Sumergirse en la lectura de la Biblia despierta tantas reacciones, desde incredulidad, asombro y empatía por la vida de hombres y mujeres que han tenido un llamado de Dios para cumplir una determinada tarea o propósito. En circunstancias

muy impredecibles, una potencia misteriosa empujaba a estas personas como dirían algunos cristianos a cumplir “el destino profético”, otros dirían a cumplir una misión histórica.

A pesar de que han transcurrido más de dos mil años del tránsito de estos personajes sobre la faz de la tierra, sus trayectorias sirven de modelo para la gestión del liderazgo del siglo XXI, donde la figura de Dios no solo se venera y alaba, sino que tiene peso en las grandes decisiones.

Tres casos enigmáticos y fuera de serie, registrados en el Antiguo Testamento que pueden llamar la atención del más indiferente o acucioso: Moisés, Saúl y David.  Moisés pertenece a una generación que precedió a Saúl y David. Este personaje nace en el capítulo dos del libro de Éxodo, y salva su vida milagrosamente debido a que el Faraón (Rey de Egipto) emitió un edicto o decreto en el que ordenaba lanzar al río a los varones que nacían de las hebreas y las hembras dejarlas vivas. Esta decisión tan radical se debe al ascenso demográfico que tenían los Israelitas en Egipto y pues el Rey lo miraba con recelo y como un peligro para seguridad de su nación.

Por la fuerza de los misterios que envuelve la vida, el niño hebreo logra salvarse y quien lo asume y cría es la hija del Faraón, una completa paradoja del destino. En esas condiciones el niño Moisés se educa en el palacio egipcio y según los historiadores bíblicos, eso le permitió tener una formación multidisciplinaria en áreas como las matemáticas, ingeniería, legislación y el arte de la guerra. Un día, Moisés ve que un egipcio maltrata a un hebreo y éste arremete contra el egipcio producto de la injusticia, este hecho hace que Moisés tenga que exiliarse a la tierra de Madián en busca de otros horizontes y en ese lugar pasan cuarenta años, cumpliendo así 80 años en total, hasta que estando allí ve que una zarza está ardiendo pero no se consume. Eso llamó su atención y es allí donde tiene un encuentro personal con Dios y le encomienda liberar al pueblo de Israel, que ya  tenía más de 400 años en cautiverio en Egipto.

En un   primer momento, Moisés presenta algunas limitaciones para materializar esa tarea, entre ellas que era tartamudo. Esta condición, según los teólogos, la desarrollo debido a que en cuarenta años era poco frecuente el intercambio de palabras con otras personas. Después de fuertes pruebas la mano de Dios fue con Moisés y logró liberar de la esclavitud a Israel, pueblo escogido por Dios. Estas hazañas de Moisés fueron milagrosas, desde las plagas hasta abrir el Mar Rojo, hacer descender maná en el desierto, estos hechos según algunos exégetas de la Biblia, lo convierten en el hombre que tuvo el mayor llamamiento en la historia del Antiguo Testamento, hasta la aparición de Jesucristo, representante del NUEVO PACTO. La vida de Moisés estuvo cargada de tantas contradicciones porque tuvo que liderar una fase muy convulsa del pueblo de Dios, caracterizada por la queja, ingratitud y desconsideración de quienes Jehová había hecho maravillas.

Por otro lado, tenemos a Saúl, una figura que aparece en el libro de I Samuel, y su preponderancia en la vida de Israel se da debido a que el pueblo pedía un Rey de carne y hueso que dirigiera su destino como las demás naciones. El vidente Samuel es instruido por Dios para ungir el primer Rey de Israel y elige a un miembro de la tribu de Benjamín, llamado Saúl,  que salió a buscar las asnas de su padre que se habían perdido y se encontró un reino. Según las Sagradas Escrituras, éste era un joven apuesto y alto. A pesar de esas condiciones físicas él se empequeñecía y decía:

¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?

Estas palabras textuales de Saúl, que están expresas en I Samuel 9: 21, se debe a un menosprecio del llamado de Dios y la autoimagen subestimada. En consecuencia, no era sano; el hecho es que ese miembro de la tribu de Benjamín fue ungido, sin embargo, no supo manejar las responsabilidades depositadas, y no estuvo a la altura del llamado por sus vaivenes y falta de firmeza, por lo que fue desechado y en su lugar Dios elige a un pastor de ovejas. Algo interesante, es que la transición de Saúl a David fue un tanto desconcertarte, por el hecho de que Saúl perseguía a David porque sabía que iba a ser desplazado y la actitud de David fue hacia el perdón y decía “no voy a arremeter contra el ungido de Jehová”, demostrando su grandeza frente a los demás.

Finalmente, entiendo que es perentorio que miremos los modelos exitosos de liderazgo, en la Biblia existe una infinidad de ejemplos de cómo Dios tomaba a personas como si fueran barros y los moldeaba para tareas que nunca imaginaron tener. Así como los seres humanos tienen sus ungidos, Dios también tiene a los suyos.

 

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