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La mentalidad del Tercer Mundo

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

 

“Hasta que el hombre no conozca su realidad, no puede cambiar”. Esta es una de las frases más emblemáticas del médico y filósofo austríaco Viktor Frank, quien con sus perspectivas teóricas revolucionó la filosofía y la psicología tras publicar un libro titulado “el hombre en busca del sentido último”, donde narra las peripecias  que vivió en varios campos de concentración en Alemania que le hizo reflexionar sobre su vida y  su futuro inmediato,  así en como los seres humanos de manera consciente e inconsciente tienen un deseo profundo por encontrar o descubrir un sentido último a la vida.

En esta entrega, no profundizaremos sobre Viktor Frank, sino que será un referente para entender o punto de partida para reflexionar sobre la mentalidad que se tiene en América Latina, considerada una región del tercer mundo o en vía de desarrollo. Tomando la premisa de Frank, de que si no se conoce es imposible el cambio de criterio de si y, eso se puede extrapolar a realidad de los pueblos de América Latina.

Los primeros pasos de la región por crear regímenes de libertad y democracia se remontan al ciclo independentista, se remonta hacia la proclamación de la independencia de Estados Unidos que originalmente se conoce como la guerra de las trece colonias (1773-1783) Este conflicto dio como resultado la independencia de trece colonias británicas el 4 de julio de 1776. Luego de la emancipación norteamericana, los aires de libertad se extendieron por otras latitudes del continente, esta vez en una colonia rica de posesión francesa llamada Saint Domingue, que tenía un sistema de esclavitud intensiva de mano de obra africana, donde según el profesor Juan Bosch, en su libro Composición Social Dominicana, el promedio de vida útil de un esclavo en las plantaciones de Saint Domingue era de 7 años. De esta forma Francia pudo exportar grandes riquezas a sus arcas. Los valores de la Revolución Francesa de 1789 y el proceso independista estadounidense sirvió de plataforma para que mulatos ricos y educados en Francia se lanzaran por la conquista de espacios políticos, estallando así en 1791 la revolución haitiana que tuvo como figura dominante un exesclavo, Toussaint. Ese proceso revolucionario que tuvo una dimensión social, económica y racial finaliza con la proclamación de su independencia por Dessalines el 1 de enero de 1804. La repercusión de esa independencia, costó la destrucción del aparato productivo y además el tipo de mentalidad de la élite política y económica de esa nación la ha subyugado a la pobreza extrema, la marginalidad y el antro de miseria, todas esas realidades se combinan con factores geopolíticos de la época y actual.

Por otro lado, tenemos el proceso revolucionario en pro de las independencias que suscitó en América del Sur y que tuvo como máxima figura al venezolano Simón Bolívar, nacido en una familia rica de hacendados que tuvo la oportunidad de instruirse en Europa, y en su estadía en ese continente, fue removida su concepción del mundo y como esas nuevas ideas podía extrapolarla a su patria e iniciar el mayor proyecto emancipatorio que ha tenido Latinoamérica. Quienes emprendieron la lucha contra la debilitada España fueron los ricos de Venezuela, comandados por Bolívar y que prontamente se esparció el germen de los cambios en toda Suramérica. Este cambio anhelado tuvo una serie de contradicciones debido a que los criollos aspiraban a una transformación parcial de la realidad, es decir, aspiraban a desechar el dominio español sobre sus tierras, pero siendo ellos los sustitutos de ese poder y los demás sectores que participaban en la ruta crítica por la liberación quedarían en su misma condición, lo que generó disgustos. Lo cierto es, que las independencias impulsadas por Bolívar fueron materializadas por un frente de clases   frente a un enemigo común: España. El Libertador, como se le conocía a Bolívar, logró absolver a los territorios que hoy conocemos como Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá y Bolivia, una verdadera campaña por la libertad. A pesar del optimismo del Libertador, prontamente las ideas de cohesión e integración de los pueblos no alcanzó su propósito debido al tipo de mentalidad de la élite de Suramérica, mentalidad que se replicó a las demás naciones del continente, los apuros económicos, la falta de planificación les condujo a tener una visión entreguista, genuflexa y hasta poco patriótica de nuestras élites.

En otro orden, cuando abordamos el tema de la mentalidad no podemos dejar pasar por alto el caso dominicano. Cuando se proclamó la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844, prontamente se configuraron dos sectores que se disputaban la conducción de los destinos nacionales, los conservadores, que representaban a los hateros (sector económicamente dominante en la Primera República) y los liberales, liderados por Duarte y una avanzada de jóvenes comerciantes e intelectuales de una clase media emergente de la época. Ambos bandos se disputaron el poder, pero los conservadores, conducidos por Pedro Santana Y Buenaventura Báez se impusieron y se turnaron el poder hasta 1861. A partir de esos hechos de carácter histórico y político la sociedad dominicana se ha perfilado por ser un pueblo conservador. El desarrollo de la historia hasta la fecha ha estado marcado por el sector conservador que se ha ido configurando conforme a sus intereses.

Finalmente, entiendo que es más fácil construir un país en la luna que cambiar la estructura mental de quienes nos dirigen y del país en sentido general, y con ello no asumo un discurso de la derrota o pesimismo ancestral, sino el propósito de externar cual ha sido la evolución y el devenir de nuestra mentalidad y cómo repercute en las acciones personales e individuales.  El tercer mundo tiene sus problemas de antaño y complejos como periferia, desde la admiración y pleitesía por lo foráneo, nos encanta exportar leyes y modelos de vida de otras naciones, sin razonar lo suficiente de nuestras propias especificidades. Es hora de ver por nuestra cuenta, pensar desde nosotros mismos para nosotros mismos, es   la apuesta que tengo y quiero ganar.

¡EN MARCHA!

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