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La mentalidad del Tercer Mundo parte II

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

La semana pasada estuvimos abordando la evolución de la mentalidad que América Latina ha tenido desde el ciclo independista del siglo XIX y como esa forma de concebir la vida sigue repercutiendo el día de hoy.

 A pesar de que Estados Unidos no sea un país del tercer mundo, es un caso de estudio obligatorio americano de excepción. Los líderes políticos de esa nación tuvieron una visión clara no solo del presente sino del futuro o porvenir. Estados Unidos para convertirse en lo que es hoy, aunque se dispute su hegemonía y liderazgo   a nivel global, se debe al tipo de mentalidad de la clase que les dirigió y una camada de intelectuales que supieron entender el curso de los acontecimientos.

Estados Unidos asumió un discurso de redención en la región tras consolidación de concepciones como el “destino manifiesto” de 1845, término que aparece por primera vez en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York. Esta frase enarboló la concepción de que Estados Unidos tenía un designio especial de expansión y dominio en el mundo, se veían como el “Israel de América”, el pueblo escogidos de Dios. 

El destino manifiesto (1845) y la doctrina Monroe (1823) son la base ideológica y mental sobre la que se sustentó el proyecto del Tío Sam. Se puede cuestionar desde el punto de vista ético y moral todas las acciones emprendidas por la lucha de espacio de EE. UU, pero no menos cierto es que gracias a eso se convirtió en la única potenca realmente global, siempre estuvieron claro.

A diferencia del lado latinoamericano, con serios problemas de institucionalidad, ausencia de una élite capaz de dirigir un proyecto a largo plazo que hoy surtiera más efecto y estuviese jugando un mayor rol en la geopolítica global.

Finalmente, entiendo que a pesar de que es difícil revertir una concepción de vida o estructura mental que tiene 500 años de vigencia y que se reproduce en las instituciones y en la vida social, reconozco que nunca es tarde para repensar nuestro devenir sin recetas de otros.

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