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Los bancos centrales y su impacto en el Covid-19

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Los bancos centrales en América Latina y el Caribe han sido, sin duda alguna, parte de la solución a nuestra crisis actual. Sus rápidas y eficaces reacciones han sido posible gracias a la credibilidad que se han ganado a pulso en los últimos años. Detrás de esos logros está la autonomía que se les ha delegado para formular y aplicar la política monetaria con el fin de alcanzar su objetivo principal de mantener la estabilidad de los precios y, en varios casos, el objetivo adicional de preservar la estabilidad financiera.

Los bancos centrales estuvieron a la altura de los desafíos, sin precedentes, de la crisis de la COVID-19, inyectando agresivamente liquidez en sus economías y manteniendo las tasas de inflación bajo control. Estas políticas solo pueden sostenerse si los bancos centrales son percibidos como autónomos y si hay confianza en que podrán defender sus objetivos. La independencia política que conduce a una mayor autonomía de los bancos centrales se asocia con menores tasas de inflación y estabilidad financiera.

En respuesta a esto, todos los grandes bancos centrales ampliaron rápidamente sus programas de aportación de liquidez. Según la responsabilidad de prestamista de última instancia de los bancos centrales, estos deben aportar al sistema financiero una liquidez adecuada.

Esta es una cuestión especialmente relevante en épocas en las que la liquidez del mercado se disipa y existe una carrera por el efectivo, tal y como se puso de manifiesto el año pasado cuando apareció la COVID-19 por primera vez. En respuesta a la pandemia, todos los grandes bancos centrales ampliaron rápidamente sus programas de aportación de liquidez, y la mayoría de los bancos centrales de los mercados desarrollados también relajaron sus exigencias con respecto al conjunto de garantías prendarias.

El 12 de marzo de 2020, la Fed incrementó sus operaciones de mercado abierto, pues ofreció operaciones a plazo además de las transacciones a un día convencionales, e incluso pasó a celebrar varias subastas al día debido al aumento de la demanda de liquidez. El 15 de marzo, el Comité del Mercado Abierto Federal (FOMC) decidió eliminar las reservas obligatorias para todos los tramos, con lo que se introdujo una liquidez adicional en el sistema.

Por otro lado, en los países de la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) evitó que se produjese una posible paralización crediticia como consecuencia de los problemas de liquidez a corto plazo de los bancos al anunciar el 12 de marzo de 2020 una financiación provisional semanal complementaria en la primera operación de financiación a plazo más largo con objetivo específico (OFPML con objetivo específico) programada anteriormente, la cual se liquidará en junio.

Al mismo tiempo, el BCE relajó las condiciones con respecto a todas las OFPML con objetivo específico entre junio de 2020 y junio de 2021 en diferentes ámbitos, e hizo que estas resultasen especialmente atractivas para los bancos que no reduzcan los préstamos concedidos a la economía.

El 7 de abril del año pasado, el BCE siguió esta tendencia mediante la aprobación de un paquete de medidas temporales de relajación de las garantías prendarias para facilitar la participación en la OFPML con objetivo específico, y aceptó la deuda griega como garantía prendaria y redujo los recortes en la valoración de garantías.

Más adelante, el 30 de abril, el BCE volvió a llevar a cabo una calibración de las próximas OFPML con objetivo específico, mediante la cual el tipo de interés pasó a situarse en el -0,5 % y el -1,0 % para los bancos que se acojan al umbral de préstamo, y también adelantó al 1 de marzo el inicio del período de evaluación de los préstamos.

Asimismo, el BCE anunció operaciones mensuales complementarias de financiación a plazo más largo de emergencia frente a la pandemia (PELTRO, por sus siglas en inglés) para sustituir a las OFPML temporales anunciadas en marzo, las cuales vencerían en el tercer trimestre de 2021.

En la reunión sobre políticas del 10 de diciembre de 2020, el BCE prorrogó las condiciones favorables de las OFPML con objetivo específico un año, hasta junio de 2022, y aumentó los derechos de endeudamiento de los bancos.

En marzo de 2020, otros bancos centrales adoptaron medidas similares para respaldar y aumentar los mercados de recompra y afines. Entre ellos, el Banco de Inglaterra (BoE) puso en marcha un nuevo plan de financiación a plazo para las pequeñas y medianas empresas con el fin de ofrecer a este grupo específico de empresas prestatarias un instrumento adaptado.

El BoE también lanzó un nuevo instrumento de financiación corporativo frente a la COVID-19, destinado a empresas más grandes que emiten papeles comerciales en colaboración con el Ministerio de Economía y Hacienda y el instrumento de recompra a plazo contingente (CTRF, por sus siglas en inglés).

Japón anunció que adoptaría medidas para respaldar el mercado de recompra. En Suecia, el Riksbank añadió instrumentos semanales de recompra a plazo ilimitados (con plazos de 3 y 6 meses) para ofrecer a los bancos una liquidez adecuada y decidió prestar 500,000 millones de SEK a los bancos a cambio de una garantía prendaria durante dos años para respaldar la ampliación del crédito empresarial.

No obstante, muy pocos bancos centrales han ampliado el círculo de contrapartes más allá de los bancos tradicionales, como, por ejemplo, la Fed, el Banco de Japón (BoJ) y el Riksbank, que incluyeron a instituciones financieras no bancarias (cooperativas) a finales de marzo de 2020. Al igual que la Fed, el Banco de la Reserva de la India (RBI) también puso en marcha un mecanismo de ayuda para los fondos.

En China, la aportación de liquidez a instituciones no bancarias se produjo sobre todo a través de las entidades de crédito oficiales.

 

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