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HABLANDO CON EL SOBERANO

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Votando con el hígado

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Como uno de los alumnos aventajados de doña Yvelisse Prats, siempre me aconsejo que siempre sea cónsono con mi accionar político y que tuviera mi cabeza siempre sobre mis hombros. Lo descrito en este articulo, no quisiera que se tomara como algo en contra del partido de gobierno, del cual milito desde su fundación, desde aquel día que se tomó la decisión de irnos del viejo partido.    

En politica, desde que se sufraga siempre se ha ido a un certamen electoral con tres partes del cuerpo humano bien definidos, con la cabeza que se hace de manera ideológica, con el estomago que se hace por necesidad y con el hígado que se hace con odio.

Sobre este último, se cierne un temor mayor, porque la persona lo hace como castigo contra alguien que está ostentando el poder, aunque para nadie es un secreto que ese voto puede azuzarse por una u otra persona que al final le saque el beneficio solicitado.

Aunque para nadie es un secreto que la oposición al PRM, esta azuzando y tratando de pescar en rio revuelto, intentando con razón o no, un divorcio forzado entre el gobierno y la sociedad y en este divorcio el que pagará la factura será, el gobierno de turno.  

Los asustados e indecisos administradores del bien común,  son esos mismos políticos que reciben los palos cuando gastan, cuando ahorran, cuando hablan, cuando se callan, o hasta cuando se quedan indiferentes, como dicen los islandeses de sus muertos.

Si esta hipótesis anteriormente citada es cierta, la alegría de los perremeítas de hoy puede esfumarse dentro de dos o cuatro años con una avalancha de cualquiera de los partidos de oposición que asechan detrás de la esquina, porque lo que está detrás de los votos no es la coincidencia y la esperanza sino la cólera y la desilusión de una masa que se mueve pendularmente a impulsos de sus íntimas frustraciones. Obviamente, esos bandazos electorales, lejos de contribuir a la solución de los problemas, es probable que los agraven, desajustando, de paso, el sistema electoral que tanto esfuerzo nos ha costado mantener, con sus limitaciones e imperfecciones.

¿Qué puede ocurrir en el futuro de mantenerse vigente esta tendencia biliosa en el electorado dominicano? Puede ocurrir algo muy peligroso: puede que surja la tentación de cercenar derechos individuales para intentar resolver por vía de la consolidación de una autoridad fuerte lo que no parece solucionarse dentro del marco constitucional que hoy nos rige. Algo, por cierto, bastante alejado del modelo que soñaron los padres fundadores . Algo que no augura nada bueno y que podría para bien o para mal crear una figura que a ninguno nos ayudaría en el sistema de partidos, un outsiders.

Nos leemos en el próximo articulo que será el peligro de un outsiders.  

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