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Consolidando la democracia

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Hace varias semanas escribí acerca de  los “Desafíos de la democracia en América Latina”, hoy quiero compartir este articulo hablando de la importancia de la confianza,

¿Por qué es importante la confianza?

La confianza subyace a numerosas interacciones que son esenciales para sociedades  saludables.  Como votantes  elegimos  candidatos  que  creen  que cumplirán sus promesas electorales; las empresas invierten en innovación esperando que los gobiernos no impongan impuestos confiscatorios si la innovación tiene éxito; los empleadores pagan a los trabajadores incluso cuando  no  pueden  estar  completamente  seguros  del  esfuerzo  de  los mismos,  y  los  trabajadores  se  esfuerzan  en  su  labor  suponiendo  que  se les  remunerará;  los  compradores  se  fían  de  los  vendedores  para  que  les suministren  bienes  y  servicios  de  calidad,  que  los  vendedores  entregan hoy  esperando  que  se  les  pague  en  el  futuro;  los  inversionistas  confían su  capital  a  los gerentes de las empresas; los ciudadanos proporcionan información a la policía, de la cual dependen para su protección; las personas se vacunan y toman medicamentos recomendados por los médicos de los que dependen para una vida saludable.

Cuando no existe la confianza en estas interacciones la sociedad y todos sus miembros sufren: la política es inestable; la calidad de las políticas públicas se deteriora; el crecimiento económico se ralentiza; la equidad social decrece y el bienestar de las personas disminuye.

la confianza en el gobierno, dos dimensiones  de  la  confianza  que  suelen  abordarse  por  separado.  Los  funcionarios públicos, como las personas en general, tienen más probabilidades de actuar de manera oportunista —de una manera no digna de confianza— cuando no se les puede exigir que rindan cuentas de sus acciones. Las grandes asimetrías en términos de información —los ciudadanos tienen dificultades para evaluar de manera independiente el trabajo del gobierno— y de poder coercitivo —los ciudadanos están obligados a obedecer las reglas establecidas por el gobierno— les facilitan aún más las cosas a los políticos para actuar de manera oportunista. Si trabajan juntos, los ciudadanos pueden castigar a los funcionarios que no merecen confianza, por ejemplo, al derrotarlos en las elecciones. Ante esta perspectiva, los funcionarios tienen más incentivos para responder a los intereses de los ciudadanos que a los propios. Pecado embargo, cesar en el poder a quienes detentan un cargo exige el accionar colectivo de los ciudadanos. Desafortunadamente, cuando los ciudadanos no confían unos en otros, tienen menos probabilidades de trabajar juntos para exigir que el gobierno rinda cuentas.

Cuando los niveles de confianzas llegan al punto bajo

Dada la importancia de la confianza interpersonal en la mayoría de las interacciones sociales, políticas y económicas, su bajo nivel y su disminución en la región resultan preocupantes. A nivel mundial, el porcentaje de personas que creen que se puede confiar en la mayoría de la gente (confianza generalizada o “interpersonal”) bajó del 38% en el período 1981–85 al 26% en 2016–20, según datos de la Encuesta Mundial de Valores – En América Latina y el Caribe, la reducción ha sido aún más drástica.

Con una caída de los niveles de confianza del 22% al 11%. Solo una de cada 10 personas considera que se puede confiar en los demás. En cambio, en las economías avanzadas, la confianza se ha mantenido en niveles relativa – mente estables, muy por encima de América Latina y el Caribe. Estudiar la situación a través de los ojos latinoamericanos no cambia la realidad. La Encuesta Latinobarómetro recopila información de 18 países de la región desde 1996 hasta 2020 e incluye una muestra más grande de países de América Latina que la Encuesta Mundial de Valores. En 1996, cerca  de  uno  de  cada  cinco  encuestados  creía  que  se  podía  confiar  en las personas. En 2020, esta cifra había disminuido a poco más de una de cada ocho personas (13% de los encuestados). En ningún país de la región se observan niveles de confianza altos en 2020 (en  Uruguay,  una  de  cada  cinco  personas  cree  que  se  puede  confiar  en los demás); en algunos países, la confianza es mucho más baja (en Brasil, solo una de cada 20 personas declara que se puede confiar en los demás).

Por ejemplo, la confianza  interpersonal  en  la  región  no  solo  es  baja,  sino  que,  en  promedio, menos  de  tres  de  cada  10  ciudadanos  de  América  Latina  y  el  Caribe demuestran  confianza  en  su  gobierno  a  lo  largo  del  período  2010–20, según la Encuesta Latinobarómetro. La desconfianza en el gobierno también es un problema mundial, pero es mayor en América Latina y el Caribe, aun  cuando  las  diferencias  no  sean  tan  drásticas  como  en  el  caso  de  la confianza interpersonal.

Las instituciones desempeñan un papel clave para ayudar a los ciudadanos a exigir que los gobiernos rindan cuentas . Cuando lo  hacen,  las  instituciones  contribuyen  a  crear  confianza  en  el  gobierno.  

El poder judicial y el poder legislativo pueden establecer controles del comportamiento  del  gobierno  que  limitan  la  capacidad  del  mismo  para  actuar de  manera  oportunista.  Los  partidos  políticos  pueden  ser  vehículos  efectivos  para  promover  la  acción  colectiva  de  los  ciudadanos  con  el  fin  de  que los gobiernos rindan cuentas. Desafortunadamente, lo contrario también es cierto: la desconfianza en las instituciones las convierte en parte del problema más que de la solución. En América Latina y el Caribe estas instituciones a menudo no cumplen con los roles previstos. Más que aumentar la confianza en el gobierno, terminan siendo parte de la crisis de confianza.

Seguiremos analizando el efecto de la confianza para la consolidación de la democracia, que repito, se está creando cada día.

Nos leemos en un próximo articulo, Dios mediante.

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