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HABLANDO CON EL SOBERANO

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La Polis

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Decía Confucio: “Quien se controla a sí mismo y por el bien, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás hombres”. 

 

Dicho lo anterior, Jenófanes y Platón, no cree que para tener un buen gobierno se necesiten músculos de acero, ni un cutis de seda o un rostro hermoso, sino una gran cabeza. Por primera vez en la vida, es aquí (o allá en la antigüedad clásica) que la labor del intelectual empieza a tener más relevancia que la del deportista, hoy que muchos deportistas, por cierto, aprovechando su popularidad, se han metido a dirigir o querer dirigir los destinos de la polis.

 

Sin embargo, cuando el filósofo Marco Tulio Cicerón quiso ser cónsul de Roma, allá por el año 64 a. C., su hermano menor Quinto, soldado valiente y líder militar, además de gran conocedor de la realidad social y cultural de esta nación, le escribió una carta. Esta carta, que hoy se titula (del inglés) How to win an election (Cómo ganar una elección) es considerada ahora la primera guía para un político en campaña. Lo sorprendente de la misiva, redactada hace más de dos mil años, es que pareciera un manual estrictamente contemporáneo, escrito y publicado ayer. Resaltan, de lo redactado por Quinto, tres aspectos fundamentales que todo político no debe olvidar mientras esté en campaña electoral. Escribe Quinto: “Hay tres cosas que garantizarán votos en una elección: favores, esperanza y carisma. Tú tienes que trabajar en dar estos incentivos a las personas correctas”. 

 

Luego, Quinto pasa a desglosar la forma en que cada uno de estos principios debe ser llevado a cabo. En cuanto a los favores, hay que pedirlos y cobrarlos, dice Quinto.

Esto es: si alguien no nos debe un favor, entonces hay que pedir un favor a alguien a cambio de una gran recompensa; si alguien, en cambio, nos debe un favor, entonces cobrárselo caro, también a cambio de una gran recompensa. Esta recompensa, por supuesto, dice Quinto, puede no llegar nunca, bajo la excusa de una causa de fuerza mayor. 

 

En cuanto a la esperanza, Quinto asegura que no hay peor cosa que ser realistas en una campaña. El que es realista, dado que siempre la sociedad estará sumida en miles de problemáticas, estará condenado al fracaso. Un candidato exitoso es aquel que redobla aquello que se le solicita y consiente sin chistar en consumarlo. Si el electorado le pide un puente, el candidato tiene que ofrecer tres puentes más dos ríos más un túnel. 

 

De otra forma, los votos huirán de sus manos. En cuanto al carisma, Quinto afirma, prácticamente, que no hay que despreciar a nadie. Todos los votantes cuentan: pobres, ricos, feos, guapos, altos, bajos. A todos hay que sonreír, abrazar y hacer sentir como si se tratara de personas únicas e imprescindibles. Pero que, eso sí, es necesario incentivar a aquellos votantes que son populares para que, a su vez, estos atraigan a otros votantes, en una ola imparable y rabiosa de apoyo.

 

Esperando, que con este articulo, podamos entender un poco “la polis”, nos leemos en un  próximo Dios mediante. 

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