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La economía mundial: riesgos y oportunidades 2/2

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Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Luego de varias semanas de sobresaltos, de “algoritmos”, o “algo de ritmo” o “métodos del ritmo”, concluiré este artículo sobre algo más allá de nuestras fronteras y tan importante como nuestras pasadas primarias simultáneas.

Es de conocimiento para todos: el crecimiento en la región es relativamente bajo y se prevé que seguirá siéndolo durante los próximos años.  El Informe Macroeconómico de América Latina y el Caribe, señala que, la provisión limitada de servicios de infraestructura puede ser un factor importante que restringe tanto las tasas de crecimiento a mediano plazo como la calidad de vida en numerosos países.

Sin embargo, no existe una estimación única integral y consistente del total de la inversión en infraestructura en América Latina y el Caribe. Pero existen indicadores, como el BID, CAF (Corporación Andina de Fomento) y CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) han producido en conjunto estimaciones más precisas de la inversión pública y las han publicado en la base de datos InfraLatam,

En esa base de datos, la inversión pública se basa en aquello que pasa por las cuentas fiscales. En cuanto a la inversión privada en infraestructura, hay varias fuentes alternativas de datos. Una base de datos comercial conocida como IJ Global reporta información detallada sobre proyectos individuales y fuentes de financiamiento que permite entender exactamente quién financia la inversión en la región.

Ambas investigaciones revelan que, InfraLatam y IJ Global, estiman que el total de la inversión en infraestructura en la región nllegó a casi US$483.000 millones a lo largo de un período reciente de cinco años. La inversión en infraestructura ha aumentado hasta cerca del 3,5% del PIB, en promedio, pero para el país medio se mantiene por debajo del 3% del PIB.

Es decir, la mayor parte de la inversión en infraestructura actualmente es pública. Sin embargo, como se señaló en el Capítulo 5, hay grandes restricciones fiscales para aumentar la inversión pública. De hecho, la inversión pública en infraestructura como porcentaje del PIB ha disminuido en lugar de aumentar. Al mismo tiempo, la inversión privada y otros tipos de inversión desde fuera de la región han aumentado. Si bien en 2010 sólo aproximadamente US$9000 millones de financiamiento provenía de fuentes que no eran las cuentas fiscales y entidades públicas regionales, esta cifra ha crecido hasta US$23.000 millones en 2015 y hasta aproximadamente US$ 32.000 millones en 2018.

Pero cabe destacar que, de esas inversiones privadas, quienes han tenido la mayor parte son los capitales privados tales como los bancos, fondo de pensiones, compañías privadas, entidades estatales no regionales, bancos multilaterales de desarrollo y otros (La categoría “Otros” se refiere a los proveedores de financiación más pequeños).

 

Calidad en la infraestructura de América Latina

 

Según las medidas disponibles de la calidad de la infraestructura, América Latina y el Caribe no obtienen buenos resultados. La calidad percibida de la infraestructura en la región supera la de África Subsahariana pero no iguala la de otras regiones del mundo.

Es interesante señalar que Oriente Medio y Norte de África se percibe como la región con la mejor calidad de infraestructura, seguida de cerca por Europa, Asia Central y Sur de Asia. América Latina y el Caribe se sitúan en una quinta plaza, bastante alejada de las 6 regiones.

Sin embargo, en América Latina y el Caribe hay variaciones considerables entre los países. Chile, México y Ecuador destacan como los países con mejor desempeño. Estos tres países de hecho tienen mejor desempeño que un grupo de economías avanzadas cubiertas por las encuestas, después de tomar en cuenta el ingreso per cápita.

A diferencia de estas encuestas que detallan las percepciones
de la calidad, una segunda técnica para analizar la profundidad
y calidad de la provisión de infraestructura consiste en recopilar
un conjunto de indicadores objetivos y luego calcular las
denominadas “brechas de desarrollo”. En este caso, se
recopilan diversos indicadores de provisión de infraestructura
(como indicadores de acceso, calidad y sostenibilidad) y luego
se comparan entre países controlando por el nivel de desarrollo
de cada país según el nivel de PIB per cápita.
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