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Nos urge otra reforma policial

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com  

El título de este artículo pudo ser de manera interrogativa, pero quise dejarlo en un enunciado, porque tengo mis reservas de una “reforma policial” eficiente, ya que hasta que no se trate primero con los ciudadanos y se les forme, todo quedará en letra muerta, como muchas leyes, destaco que este país, tiene todas las leyes necesarias para parecerse o un país del primer mundo.

Cada vez que pasa algún hecho o acontecimiento lamentable, como el sucedido con las parejas cristianas que venían de Villa Altagracia, sale como decía la maestra Yvelisse Prats, las “orejitas” este tema.  

En el año 2004, se hizo una reforma policial, para cambiar la forma trujillista que tenía, se convirtió en ley, esa ley es la 731-04, varios años más tarde, por el mismo motivo se hizo otra reforma, la cual terminó en la ley 590-16. Mi pregunta es: ¿Algo ha cambiado? Hasta que no cambiemos a los integrantes de esa policía, tendremos miles de leyes y nada habrá cambiado.

En los actuales momentos, se está formulando “otra reforma”, por lo sucedido. El problema no está en si hay ley o no, es en la perversidad sistémica que nos envilece, esa misma perversidad que existen en diferentes instituciones ¿o solo es en la policía? Los policías son partes integrales de la sociedad, una sociedad corrompida desde los pies hasta la cabeza, una sociedad que pide un chance antes de cumplir con sus deberes, una sociedad que paga para no pegar, una sociedad que se “roba las señales de tránsito, porque anda rápido, y no respetan las señales ni el paro en los semáforos, donde funcionarios andan con cuantos oficiales de la propia policía, para abrirles el paso, porque salen tarde de sus casas y deben de llegar temprano a su destino.

La reforma no solo debe ser en la policía, debe ser en la sociedad, en las fuerzas armadas, en los bomberos y en las instituciones que nos rigen.

¿Es vital una reforma policial? Claro, pero antes hay que capacitarlos, hay que darles los insumos necesarios para que ellos puedan hacer su trabajo, que un policía no ganes menos que lo que produce un punto de drogas en media hora, que podamos hacer una profilaxis en esa institución, sin importar el cargo, porque si los de abajo hacen sus “travesuras”, es con la componenda de otro que está por encima de ellos.

Leyendo una investigación que hizo la Fundación Friedrich Ebert llamada “Reformas policiales en América Latina. Principios y lineamientos progresistas” del año 2012, especifica los siguiente: “La debilidad histórica de las instituciones públicas en Latinoamérica ha impedido que estas puedan asegurar el Estado de derecho y el imperio de la ley. Este es el caso de las policías y, en general, de los sistemas de administración de justicia en buena parte de los países. A los factores mencionados se sumaron desde los años noventa las amenazas de la narcoactividad y del crimen organizado, que no han dejado de crecer, especialmente en la región andina, Centroamérica y México, pero también en países como Argentina y Brasil, en donde el tráfico y consumo de drogas han aumentado significativamente.

Hace varios meses estuvo con nosotros un consultor internacional, dando parámetros de cómo debería ser la Policía Nacional, ¿Se siguieron los lineamientos? No, entonces no es cuestión de reformas es cuestión de seguir las directrices que en otros países han funcionados.

Hago énfasis en que lo que funciona en otros países no necesariamente funciona en otras circunstancias, porque las culturas y los escenarios no son iguales, pero pueden ponerse algunas políticas públicas a funcionar a manera de experimento.

Concluyo este articulo con esta reflexión: ¿Se necesita gastar miles de millones de pesos en otra reforma policial? Posiblemente sí, pero también se necesita educar a esos ciudadanos que decidieron ser policías y arriesgar sus vidas, respetando siempre las vidas de sus otros ciudadanos, para evitar otra noticia luctuosa como lo que ocurrió cerca de Villa Altagracia.

Nos leemos en un próximo artículo, hasta luego.  

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