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HABLANDO CON EL SOBERANO

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Necesitamos un resultado

de los planes fiscales que se proponen

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

 

Para nadie es un secreto que la crisis de la COVID tuvo un impacto marcado en los planes y resultados fiscales. A comienzos de 2020, el país promedio de todos los analizados se preveía un déficit primario de 0,7%.

Las fuertes caídas en el PIB, más las medidas de políticas adoptadas, tuvieron un impacto tanto en los gastos como en la recaudación. Los ingresos fiscales fueron de hasta un 20,1% del PIB en este conjunto de países. Sinembargo, eso equivale al 18,3% del PIB que se proyectaba antes de la pandemia.

Esto implica una caída de la recaudación efectiva equivalente a 4,4% del PIB originalmente proyectado para 2020. Por el lado del gasto, el plan original para el gobierno promedio era asignar el 4,3% del PIB proyectado para el año a inversión, pero al final el PIB fue más bajo al proyectado, y esto se convirtió en un 3,2% del PIB observado, lo que a su vez equivale a sólo el 2,9% del PIB proyectado antes de la pandemia.

O sea, en total, se produjo una caída de 1,4% respecto del PIB proyectado para 2020. Esto subraya cómo la inversión, incluida la infraestructura, perdió en relación con el gasto corriente durante la pandemia.

Los países se beneficiaron de las bajas tasas de interés. Las proyecciones de los pagos de intereses de la deuda eran de un 2,7% del PIB para el país promedio al comienzo de año, pero acabaron en el 3,0% del PIB observado, o 2,7% del PIB originalmente proyectado para 2020. Por lo tanto, a pesar del aumento del endeudamiento, los pagos de intereses en la práctica no aumentaron, sino que la subida del ratio se debió en gran parte a la caída del PIB.

En términos prospectivos, el país promedio está planeando recaudar el 22,5% del PIB, y se calcula que el gasto primario será de 24,7%, lo que implica un déficit fiscal primario proyectado de 2,2% en 2021. En cambio, los países necesitarían un superávit primario de 2,7% para mantener la deuda constante, lo que implica que se espera que la deuda aumente. La mayoría de los gobiernos predecían que el crecimiento en 2021 sería del 4,5%; los resultados fiscales efectivos dependerán de si esto se materializa.

En términos de las instituciones fiscales, 11 países con reglas fiscales tienen una cláusula de escape, y 10 de esos 11 países aplicaron esa flexibilidad durante la pandemia. La desviación promedio del déficit primario estipulado en la regla era de cerca del 3,4% del PIB. La mayoría de los países tienen una meta explícita para volver a la regla fiscal en 2021, y unos cuantos planean volver en 2022 y años posteriores.

Siete países con planes específicos para reducir los niveles de la deuda anunciaron programas de ajuste que reducen el déficit fiscal en un 1,4% al año durante los próximos seis años. Hay que destacar que se planea que el ajuste se aplique al gasto(0,9% del PIB anual) más que a los ingresos(0,5% del PIB anual). Debe destacarse que el recorte del gasto planeado se basa totalmente en los gastos corrientes y no en la inversión. Al mismo tiempo, unos 12 países están considerando reformas tributarias para aumentar la recaudación, entre ellos el nuestro.

La semana que viene escribiré sobre Política fiscal para una recuperación sostenible.

Nos leemos en otro artículo, Dios mediante.

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