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La economía verde

y su importancia en el desarrollo sostenible

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Hace mucho tiempo que los economistas han querido relacionar el concepto con los colores, dando razón a que de dichos colores, el verde representa frescura, medio ambiente, armonía, salud, curación, juventud, dinero, naturaleza, renovación, tranquilidad. ¡El color verde representa vida y renovación!, el color naranja representa la radiación naranja (amarillo+rojo), que aparece después del mediodía. Es el color de la energía constructiva física y mental, de la vida, de la creatividad, de la actividad deportiva. Pero este artículo no tratará sobre los colores, sino más bien de economía y el verde.

Aunque el concepto de economía verde ha existido desde hace varios años , el tema fue introducido oficialmente a la mesa de discusión cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió organizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro, Brasil, en 2012 con el objetivo de: “obtener un compromiso político renovado en favor del desarrollo sostenible, evaluando los avances logrados hasta el momento y las lagunas que aún persisten en la aplicación de los resultados de las principales cumbres en materia de desarrollo sostenible y haciendo frente a las nuevas dificultades que están surgiendo”.

En la misma resolución, establece que el resultado de la conferencia será un documento político específico, y que la conferencia se centrará, entre otros, en dos temas: a) Economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación (este concepto de erradicación no me gusta, siempre he creído que la disminución es más asequible, porque para erradicar la pobreza hay que determinar cuál de los 4 tipos de pobrezas es el que vamos a eliminar), de la pobreza, y b) El marco institucional para el desarrollo sostenible.

En reconocimiento a la necesidad imperante de los países en desarrollo de erradicar la pobreza como principal prioridad en sus decisiones de política pública, y de la estrecha relación que tienen el estado de los recursos naturales con la capacidad de las sociedades para mejorar el bienestar de las personas y promover el desarrollo, se habla de la economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y no únicamente de economía verde.

La inclusión explícita de la necesidad de acabar con la pobreza de una forma que se garantice que no volverá a aparecer y que se mantendrán los recursos naturales, resalta al menos dos temas:

primero, que no se puede hablar de economía verde independientemente de acciones directamente ligadas a atender las necesidades de los grupos más vulnerables; y segundo, que no puede existir una economía verde si los patrones de consumo y producción no garantizan que la mejora en el estado del medio ambiente y los beneficios sociales estén presentes en el corto, mediano y largo plazo.

Dicho esto, debemos de entender que bajo estas premisas entonces, la economía verde es la que mejora el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma más básica, una economía verde es aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente.

Es de suma importancia remarcar que el concepto de “economía verde” no sustituye al de “desarrollo sostenible”, sino que es una ruta a tomar para alcanzarlo. El camino concreto no es igual para todos los países, sino que depende de la situación y perspectivas específicas de cada uno. En la región existen diversas iniciativas que ya apuntan hacia el desarrollo sostenible que pueden considerarse como economía verde. Dentro de esa amplia gama de opciones hay algunos elementos que son comunes a todos ellos.

Entre los elementos comunes está el cambio de paradigma de la vieja creencia de que los recursos naturales son inagotables y tienen una capacidad ilimitada de regeneración, al reconocimiento de que la naturaleza tiene límites y que la humanidad tiene la responsabilidad de asegurar que los ecosistemas y los ciclos naturales se mantengan en sano funcionamiento.

Esta responsabilidad atiende a dos inquietudes que se han puesto como razón fundamental para la protección ambiental. Por un lado, se ha reconocido el derecho a un desarrollo armónico con la naturaleza, y por el otro atiende a la necesidad de mantener un medio ambiente que proporcione de forma sostenida los bienes y servicios necesarios para asegurar el bienestar de las personas, incluyendo las más vulnerables.

Y en este sentido, otro de los rasgos compartidos es el fuerte valor que se le da a la inclusión y desarrollo social, como parte fundamental del proyecto o intervención.

 En un próximo artículo seguiré escribiendo sobre este concepto, que tal y como dije al principio de este, no es nuevo.

 

Nos leemos en el próximo artículo

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