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La economía verde

y su importancia en el desarrollo sostenible

(2da parte)   

Por Max Montilla

montillamax@gmail.com

Esta es la segunda entrega acerca de la economía verde, la cual inicié la semana pasada.

Muchas de las iniciativas de políticas, programas y proyectos promovidos por los gobiernos, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil en la región, en áreas que van desde la generación de energía limpia, la agricultura sostenible, el ecoturismo y la gestión sostenible de los recursos naturales son elementos básicos de una economía verde.

La transición a una economía verde no es un obstáculo para el desarrollo y la industrialización, generando condiciones que los puedan atrasar. Por el contrario, una economía verde está destinada a promover la industrialización basada en la eficiencia de recursos, asegurando un acceso fiable, local y asequible a la energía y la tecnología, así como mejorar la eficiencia en el uso de los recursos que podría mejorar la competitividad de la región.

Como se indica anteriormente, el debate en torno a la economía verde está estrechamente relacionado con el marco de desarrollo sostenible y la erradicaciónde la pobreza. Lograr el desarrollo sostenible requiere del fortalecimiento de sus tres pilares interdependientes: el ambiental, social y económico.

A través de la economía verde, la promoción del gasto público, las inversiones privadas y la creación de condiciones favorables garantizan que la asignación de capital y la alineación de las decisiones políticas son coherentes con los objetivos de desarrollo sostenible, promoviendo así la cabal implementación de la Agenda 21. El cambio hacia una economía verde debe ser visto como un vehículo económico, ambiental y social, y un camino para el desarrollo sostenible.

La mayoría de las clases más vulnerables en América Latina y el Caribe dependen de la agricultura, bosques, pesquerías y otros recursos naturales y servicios de los ecosistemas para su subsistencia, el acceso a los alimentos, el empleo y la generación de ingresos. Mediante la promoción de las inversiones que mantengan y mejoren los recursos naturales, una economía verde permite el acceso a servicios básicos como alimentos, energía, infraestructura, agua y generación de entradas económicas para las clases más vulnerables.

Por ejemplo, formas más sostenibles de agricultura aumentarán el rendimiento, los ingresos y reducirán el cambio climático y la vulnerabilidad del medio ambiente. En el sector energía, dado que partes de la región de América Latina y el Caribe siguen sufriendo un acceso limitado a la energía que impide el desarrollo de las actividades y el desarrollo de la región, la economía verde puede promover soluciones de energía renovable como la biomasa moderna, la energía solar, eólica, hidráulica y geotérmica, las cuales pueden ofrecer opciones energéticas más viables, accesibles y adaptables para la calefacción, la cocina y la iluminación de los más vulnerables.

Si una economía va a ser verde e inclusiva, no debe constituir nuevos obstáculos técnicos al comercio y a la cooperación. En línea con los principios de Río de responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas, la transición a una economía verde debe tener en cuenta los impactos de distribución internacional. De esta manera, el crecimiento verde puede conducir a nuevas oportunidades de mercado. Las normas comerciales deberían impedir a los países el uso de preocupaciones ambientales como un pretexto para la protección del comercio.

Nos leemos en otro artículo.

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