Inicio Columnas HABLANDO CON EL SOBERANO

HABLANDO CON EL SOBERANO

6
0

La regla 3-30-300 y el derecho a una ciudad con sombra

Por Max Montilla

 

Politólogo, articulista, profesor universitario y servidor público

Una propuesta para acercar la naturaleza a los barrios dominicanos y convertir la equidad ambiental en una tarea medible.

Una madre que acompaña a su hija a la escuela necesita una acera por la que puedan caminar sin quedar expuestas todo el trayecto al sol. Un adulto mayor necesita dónde sentarse durante su paseo. Son necesidades sencillas que deberían orientar nuestras decisiones urbanas. Propongo que República Dominicana discuta la regla 3-30-300 como una herramienta para llevar árboles y espacios verdes a la vida cotidiana de sus barrios. La calidad de una ciudad también se reconoce en las condiciones que ofrece a quienes la recorren a pie.

La propuesta del experto en silvicultura urbana Cecil Konijnendijk establece tres referencias: ver al menos 3 árboles bien establecidos desde cada vivienda, escuela y lugar de trabajo; lograr al menos 30 % de cobertura de copas de árboles en cada barrio; y vivir a 300 metros o menos de un espacio verde público. Es una guía de planificación orientada al acceso equitativo a la naturaleza. Por sí sola, no constituye una obligación jurídica universal ni garantiza que desaparezcan las desigualdades. [1]

Conviene entender bien los números. El 30 % se refiere a la superficie cubierta por las copas, no al porcentaje de solares destinados a parques ni a la cantidad de árboles recién sembrados. El criterio de proximidad requiere, además, prestar atención al acceso efectivo. [1] Para una aplicación dominicana, propongo evaluar el recorrido peatonal: un parque puede verse cercano en el mapa y resultar difícil de alcanzar si el camino obliga a cruzar una avenida sin condiciones adecuadas.

Desde una perspectiva de justicia social, el punto de partida debe ser el barrio. La inversión verde debería priorizar a las comunidades con mayores carencias comprobadas. Un gran parque metropolitano puede prestar un servicio valioso, pero la gestión municipal también debe preguntarse qué encuentra una persona al salir de su casa. Esta mirada es coherente con una política pública centrada en la dignidad humana y la igualdad de oportunidades, valores que deben orientar nuestra tradición democrática y el compromiso social inspirado en Peña Gómez.

Para avanzar con seriedad, sugiero comenzar con un diagnóstico público en municipios como Santo Domingo Oeste. Habría que inventariar los árboles, medir la cobertura de sus copas y localizar los espacios verdes y sus entradas. No contamos aquí con una medición verificada que permita afirmar cuántos barrios dominicanos cumplen la regla. Precisamente por eso, el primer compromiso debe ser producir esa información, con apoyo de universidades, personal técnico municipal y organizaciones comunitarias. Las prioridades deberían surgir de los resultados.

Después vendría una decisión presupuestaria concreta: seleccionar sectores para intervenciones progresivas y explicar cuánto costará conservarlas. Propongo empezar por los trayectos hacia escuelas, centros de salud y paradas de transporte donde el diagnóstico identifique mayor necesidad. Cada proyecto tendría que prever espacio para raíces, compatibilidad con el tendido y las aceras, especies apropiadas y mantenimiento. El indicador de éxito debe incluir árboles que sobreviven y desarrollan su copa, junto con espacios que la población realmente puede utilizar.

 

También debemos reconocer los límites de cualquier fórmula. Alcanzar tres cifras no resuelve automáticamente la calidad del parque, su mantenimiento o las dificultades de acceso. En nuestra aplicación habría que consultar a personas con discapacidad, familias con niños y adultos mayores. Propongo incorporar iluminación adecuada, asientos y rutas accesibles según cada lugar, y evaluar posibles presiones sobre el costo de la vivienda. La mejora ambiental debe beneficiar a quienes viven en el sector y permitirles permanecer en él.

La regla 3-30-300 ofrece un lenguaje sencillo para exigir una gestión más concreta. Mi propuesta es que los ayuntamientos publiquen su diagnóstico, establezcan metas por barrio y rindan cuentas sobre su cumplimiento. Podemos empezar con intervenciones de alcance realista, corregir lo que falle y ampliar lo que funcione. Quiero una ciudad donde encontrar sombra y llegar a un parque sea parte de la vida diaria de cualquier familia. Esa aspiración merece planificación, presupuesto y continuidad más allá de una jornada de siembra.

[1] Konijnendijk, C. C. Artículo sobre la regla 3-30-300 en Journal of Forestry Research, volumen 34, páginas 821–830. Publicación electrónica en 2022; volumen de 2023.

https://doi.org/10.1007/s11676-022-01523-z

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí