¿Por qué República Dominicana subsidia los combustibles?
Por Max Montilla
El alivio para las familias justifica la intervención, pero exige transparencia y una mejor distribución de los recursos.
Cuando sube el combustible, la preocupación llega mucho más allá de las estaciones de servicio. Alcanza al productor que transporta su cosecha, al comerciante que recibe mercancías y a la familia que utiliza gas para cocinar. Amortiguar esos aumentos ayuda a proteger el presupuesto familiar y a moderar los costos de producir y distribuir bienes. Esa es la principal justificación de una política que también exige recursos públicos y decisiones responsables.
República Dominicana depende del abastecimiento externo de petróleo y sus derivados. Refidomsa explica que parte de los combustibles que comercializa procede de la refinación y otra parte se importa como producto terminado. Tener una refinería no elimina nuestra exposición al mercado internacional. Por eso, las condiciones de abastecimiento fuera del país siguen siendo relevantes para lo que pagamos aquí. [1]
La magnitud del esfuerzo se aprecia en la información más reciente. Para la semana del 17 al 23 de octubre de 2026, el Gobierno anunció RD$1,860.3 millones en subsidios para mantener sin variación los principales combustibles. Según la información del MICM recogida por Diario Libre y Noticias SIN, el acumulado anunciado superaba los RD$40,200 millones en lo transcurrido de 2026. Esta última cifra corresponde a un acumulado parcial, no al cierre anual ni a una ejecución presupuestaria auditada. [2, 3]
El efecto puede entenderse con un ejemplo concreto. El gasoil óptimo recibe esa semana un subsidio de RD$120.26 por galón, que permite mantener su precio en RD$318.10, frente a los RD$438.36 que reporta la información publicada como precio sin esa compensación. El apoyo al gasoil regular asciende a RD$120.10 por galón.[2]
Para las familias, el beneficio potencial también está en los gastos que ese combustible ayuda a contener. El transporte de alimentos, la distribución de mercancías y numerosas actividades productivas utilizan carburantes. Evitar un aumento del gasoil puede moderar la presión sobre esos costos, aunque no garantiza que todos los productos bajen ni que el ahorro se traslade íntegramente al consumidor. La política debe evaluarse por sus resultados, sin prometer efectos que no se han medido.
El análisis del Fondo Monetario Internacional permite introducir un matiz necesario. En su consulta de 2025 sobre República Dominicana, el organismo señaló que la baja inflación energética, en un contexto de congelamiento de precios de combustibles y tarifas eléctricas, compensó parte de las presiones provenientes de los alimentos. Al mismo tiempo, recomendó reducir subsidios poco focalizados y mejorar las ayudas dirigidas a los sectores de menores ingresos. Reconocer un alivio inmediato no equivale a recomendar que el subsidio general se mantenga indefinidamente. [4]
Desde esa perspectiva, considero acertado que el gobierno de Luis Abinader intervenga para amortiguar aumentos externos que afectan la vida cotidiana de los dominicanos. La protección tiene especial valor para quienes disponen de poco margen después de pagar alimentación, vivienda y transporte. Respaldar esa decisión también implica exigir claridad sobre su costo, su alcance y las condiciones bajo las cuales debe ajustarse.
El esfuerzo fiscal merece atención. La Presidencia informó que durante 2025 se destinaron RD$11,500 millones a subsidiar combustibles. Ese monto debe distinguirse del subsidio eléctrico, que corresponde a otro gasto. Tampoco conviene comparar un año completo con una sola semana ni convertir una asignación excepcional en un supuesto desembolso permanente. Cada cifra necesita su período y su concepto para que el ciudadano pueda juzgarla correctamente. [5]
Hay, además, una cuestión de distribución. Cuando se concede la misma compensación por galón, quien compra más galones recibe un beneficio directo mayor. Eso significa que el subsidio general también alcanza a consumidores con capacidad para asumir un precio más alto. Mejorar la focalización permitiría concentrar más recursos en quienes realmente los necesitan, procurando que cualquier cambio tenga una transición que proteja a los hogares vulnerables.
La discusión pública ganaría calidad si, junto con el anuncio semanal, se explicara de manera sencilla cuánto se ha destinado, cuáles productos reciben apoyo y cómo se revisa la medida. También conviene distinguir entre recursos anunciados y pagos ejecutados. La transparencia permite valorar el beneficio sin perder de vista que esos fondos compiten con necesidades de salud, educación, infraestructura y otros servicios.
Subsidiar puede ser una respuesta razonable frente a una crisis, pero reducir nuestra vulnerabilidad exige trabajo sostenido. Un transporte colectivo eficiente y accesible, el ahorro de combustible y opciones energéticas que disminuyan el uso de derivados del petróleo deben acompañar esa protección. La meta es que las familias puedan enfrentar la próxima crisis con menos dependencia de una compensación pagada por el presupuesto nacional.
Fuentes consultadas
Actualización al 19 de octubre de 2026. Las referencias numeradas corresponden a las citas del artículo.
[1] Refidomsa. Productos. Descripción de la refinación y la importación de combustibles. Consultar fuente
[2] Diario Libre. El Gobierno congela el precio de los principales combustibles. 16 de octubre de 2026. Consultar fuente
[3] Noticias SIN. Gobierno congela principales combustibles; subsidios superan RD$40,200 millones. 16 de octubre de 2026. Consultar fuente
[4] Fondo Monetario Internacional. República Dominicana: Consulta del Artículo IV de 2025. Informe de país 2025/305; apartados sobre inflación y política fiscal. Consultar fuente
[5] Presidencia de la República Dominicana. Presidente Abinader afirma que el país está preparado para enfrentar el impacto de la crisis internacional del petróleo. Balance del subsidio de 2025. Consultar fuente







































