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HABLANDO CON EL SOBERANO

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No basta con criticar: el deber de proponer soluciones sistémicas

Por Max Montilla 

Quiero hacer énfasis, que la frase no es mía, la leí del profesor Fernando Mangual, y me quedé pensando en lo cierto que es y decidí hacerle un articulo con lo que pienso sobre la frase citada. 

En los debates públicos actuales abunda la crítica severa a los problemas que afectan al país, desde la economía hasta los servicios básicos. Sin embargo, pocas veces esa crítica viene acompañada de propuestas concretas y viables, y es que esto ultimo lo hacemos diario y dos veces lo domingo como citaba otro profesor.  Señalar fallas es necesario, pero no suficiente; el verdadero desafío está en ir más allá del diagnóstico y asumir la responsabilidad de pensar y construir soluciones que ataquen las causas profundas de los problemas, no solo sus síntomas.

No basta con ser un crítico de la problemática social que afecta al país; es necesario aportar soluciones sistémicas. La crítica, cuando no va acompañada de propuestas, se convierte en ruido. Señalar errores es fácil, casi un deporte nacional; lo difícil es asumir la responsabilidad de pensar cómo corregirlos de manera estructural y sostenible.

La realidad social no se explica por una sola causa ni se resuelve con medidas aisladas. Los problemas de educación, seguridad, salud o empleo están profundamente interconectados. Tratar uno sin considerar los demás es como intentar enderezar una mesa coja limando solo una pata: el desequilibrio persiste. De ahí la urgencia de un enfoque sistémico, que mire el todo y no solo las partes.

Criticar sin comprender el sistema completo puede llevar a soluciones bien intencionadas, pero ineficaces. Muchas políticas fracasan no por falta de recursos, sino por falta de visión integral. Cuando no se consideran las dinámicas sociales, económicas e institucionales, las acciones terminan siendo parches temporales, no transformaciones reales.

Aportar soluciones sistémicas exige conocimiento, diálogo y humildad intelectual. Nadie tiene todas las respuestas, pero entre todos se pueden construir mejores caminos. Esto implica escuchar a los técnicos, a las comunidades afectadas y a las instituciones, y articular propuestas que no dependan del capricho político ni del corto plazo electoral.

También requiere pasar del discurso emocional a la planificación responsable. La indignación puede ser un buen punto de partida, pero no puede ser el punto de llegada. Gobernar y participar en la vida pública demanda datos, evaluación, seguimiento y ajustes continuos. Sin medición, no hay mejora; sin mejora, no hay progreso.

El rol del ciudadano no se limita a protestar, sino a involucrarse de manera constructiva. Exigir cuentas es legítimo, pero también lo es informarse, participar y contribuir con ideas viables. Una sociedad madura no se define por cuán fuerte grita, sino por cuán bien piensa y actúa.

Desde el Estado, las soluciones sistémicas implican coordinación interinstitucional y continuidad en las políticas públicas. Los problemas estructurales no se resuelven en un período de gobierno ni con improvisaciones. Requieren visión de país, acuerdos básicos y respeto por lo que funciona, sin importar quién lo haya iniciado.

En definitiva, la crítica es necesaria, pero insuficiente. El país no avanza solo denunciando lo que está mal, sino construyendo lo que puede estar mejor. Menos aplausos al crítico ingenioso y más respaldo al que propone, ejecuta y evalúa. Ahí está el verdadero compromiso con el bien común.

Nos leemos en el próximo articulo. Dios mediante. 

 

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