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HABLANDO CON EL SOBERANO

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27 de Febrero: balance entre firmeza y desafíos estructurales

Por Max Montilla

 

Libre de apasionamientos políticos como me enseña la ciencia política, hago esta evaluación al discurso del presidente Luis Abinader, como me caracteriza, evaluaré los pros y los contras del mismo. 

El pasado 27 de febrero del año en curso, conmemoramos el 182 aniversario del nacimiento ante la humanidad como país, y es que en esta fecha la República Dominicana no solo conmemora su independencia; examina su conciencia. Entre el 27 de febrero pasado y el de este año, el país ha vivido un período marcado por estabilidad macroeconómica, firmeza en temas migratorios y avances institucionales, aunque no exento de tensiones sociales y retos estructurales. Celebrar sin evaluar sería superficial; criticar sin reconocer avances sería injusto.

En materia económica, el gobierno destacó un crecimiento sostenido por encima del promedio regional, estabilidad cambiara y control relativo de la inflación. Sectores como el turismo, las zonas francas y la construcción continúan siendo pilares dinámicos. La inversión extranjera directa mantiene niveles robustos y se proyecta confianza internacional. En un contexto global incierto, eso no es poca cosa.

Ahora bien, el crecimiento debe sentirse en el bolsillo. Aunque los indicadores macro muestran fortaleza, la percepción ciudadana sigue marcada por el alto costo de alimentos, servicios y vivienda. La clase media productiva —que no protesta mucho, pero siente todo— exige resultados tangibles. La economía no se evalúa solo en gráficos, sino en el supermercado.

Uno de los ejes centrales del discurso fue la seguridad y la cuestión migratoria, particularmente la situación con Haití. Se reafirmó el fortalecimiento de la frontera, la ampliación del muro perimetral y el incremento de repatriaciones. La postura fue clara: soberanía sin complejos. En un país que nació defendiendo su identidad, el tema no es menor. La firmeza en este ámbito ha generado respaldo significativo, aunque también debate internacional.

En gobernanza, se resaltaron avances en transparencia, digitalización de servicios públicos y mejoras en la gestión institucional. La modernización administrativa sigue siendo una bandera importante. Sin embargo, reformas estructurales como el Código Penal y transformaciones profundas en el sistema de justicia continúan pendientes. Las reformas que no se concretan terminan desgastando el discurso reformista.

En infraestructura, el año mostró dinamismo: ampliaciones viales, proyectos hospitalarios, mejoras en transporte y obras hidráulicas. La apuesta por la inversión pública busca impactar empleo y competitividad. El desafío, como siempre, es que cada peso invertido rinda con eficiencia y supervisión rigurosa. La infraestructura construye progreso, pero la transparencia construye confianza.

En libertad y vida democrática, el país mantiene un entorno plural. La prensa ejerce su rol crítico y la oposición (en ocasiones) participa activamente en el debate público sin hacer ninguna propuestas salvo raras excepciones. Eso fortalece la institucionalidad. No obstante, las tensiones en redes sociales, los discursos polarizantes y la presión social por respuestas rápidas reflejan una ciudadanía más vigilante y menos paciente.

En políticas sociales, se enfatizó la continuidad de programas focalizados, ampliación de cobertura en salud y esfuerzos en educación técnica. La intención es clara: movilidad social mediante capacitación y empleo formal. Sin embargo, el reto de fondo sigue siendo elevar la calidad educativa y generar empleos sostenibles para los jóvenes, no solo estadísticas favorables.

Este 27 de febrero dejó un mensaje de continuidad con firmeza: estabilidad económica, defensa de la soberanía y apuesta por la modernización. Pero también recordó que el país enfrenta desafíos estructurales que no se resuelven en un solo período: institucionalidad profunda, reforma integral de justicia, calidad del gasto y cohesión social.

La independencia no se honra con aplausos automáticos ni con oposición automática (saliendo a atacar sin propuestas, entiendo el rol de la oposición como contra peso, porque muchas veces tuve que ejercerla, pero siempre con una propuesta de cambio viable para mejorar). Se honra con liderazgo responsable, disciplina fiscal, defensa del orden y compromiso ético. La República Dominicana avanza, sí, pero avanzar no es suficiente: hay que consolidar.

Porque la patria no se improvisa; se gobierna con carácter, prudencia y visión de largo plazo.

Nos leemos en el  próximo articulo, Dios mediante. 

 

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