Adiós 2025, bienvenido 2026
Por Max Montilla
El 2025 se nos va, y aunque cada año parece irse más rápido que un motoconcho en bajada sin frenos, este nos deja muchas lecciones que vale la pena guardar. No fueron meses perfectos, pero sí meses que nos formaron el carácter, nos despertaron la conciencia y nos obligaron a mirar la vida con más gratitud. Y a fin de cuentas, eso también es ganancia.
Si algo nos enseñó este año fue que la vida no se mueve al ritmo de nuestros caprichos, sino al compás de la providencia. A veces nos fue bien, otras no tanto, pero en cada una de esas vueltas hubo propósito. Y cuando uno mira hacia atrás con calma —sin prisa y sin drama— se da cuenta de que Dios no perdió el control en ningún momento.
El país, como siempre, tuvo sus altas y bajas. Hubo retos sociales, tensiones políticas y luchas personales que cada familia cargó a su manera. Pero también hubo gestos de nobleza, victorias silenciosas y gente que decidió hacer el bien sin buscar cámara ni aplauso. Y eso, aunque no sale en los titulares, sostiene más a una nación que cualquier reforma.
Este año que finaliza también nos recordó que la esperanza no es un sentimiento vago, ni una frase motivacional de redes sociales, sino una decisión. Uno decide esperar. Uno decide creer. Uno decide levantarse aunque duela. Y eso es lo que nos toca reafirmar antes de entrar al 2026: la esperanza es un acto de valentía, no de ingenuidad.
Vimos familias restaurarse, personas reinventarse, enfermos recuperar fuerzas, proyectos renacer y corazones endurecidos ablandarse. Cada una de esas historias es un testimonio de que no todo está perdido y de que todavía hay mucho por lo cual dar gracias. Porque mientras haya gente dispuesta a luchar por lo que es bueno, lo que es justo y lo que es digno, el futuro nunca estará en oscuridad total.
El 2026 se acerca con su propio menú de desafíos, sí, pero también con nuevas oportunidades. Y si encaramos el año con humildad para escuchar, sabiduría para discernir y valor para actuar, no habrá tormenta que nos haga retroceder. La vida premia al que persevera, al que no negocia sus principios, al que trabaja con manos limpias y corazón claro.
Así que, al despedir este 2025, hagámoslo con la frente en alto. No porque todo salió a la perfección, sino porque seguimos aquí: de pie, insistiendo, creyendo, avanzando. Esa es la victoria más grande. Y esa victoria, es suficiente para comenzar el nuevo año con fuerza renovada.
Que el 2026 nos encuentre con la fe firme, la familia unida y la esperanza encendida. Y que nunca olvidemos que, mientras Dios marque el rumbo, siempre habrá motivos para seguir adelante.
Con este articulo cierro el 2025. Nos leemos en el 2026, Dios mediante, felices fiestas.







































